El cielo proclama la gloria de Dios

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LA PALABRA CADA DÍA

XXVII Semana. Tiempo Ordinario

“Generación malvada”

Martes, 14 de octubre del 2025

Color: VERDE ROJO

Primera lectura: Rom 1,16-25

Lectura de la Carta de San Pablo a los Romanos

Hermanos: Yo no me avergüenzo del Evangelio; es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree, primero para el judío, pero también para el griego. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen, en virtud de su fe, como dice la Escritura: «El justo vivirá por su fe.» Desde el cielo Dios revela su reprobación de toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque, lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista; Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles, su poder eterno y su divinidad, son visibles para la mente que penetra en sus obras.
Realmente no tienen disculpa, porque, conociendo a Dios, no le han dado la gloria y las gracias que Dios se merecía, al contrario, su razonar acabó en vaciedades, y su mente insensata se sumergió en tinieblas. Alardeando de sabios, resultaron unos necios que cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles. Por esa razón, abandonándolos a los deseos de su corazón, los ha entregado Dios a la inmoralidad, con la que degradan ellos mismos sus propios cuerpos; por haber cambiado al Dios verdadero por uno falso, adorando y dando culto a la criatura en vez de al Creador. ¡Bendito él por siempre! Amén.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial: 18,2-3.4-5

R/. El cielo proclama la gloria de Dios

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. R/.
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. R/.

Evangelio: Lc 11,37-41
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosan de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Den limosna de lo de dentro, y lo tendrán limpio todo».

Palabra del Señor


“Dios ha querido revelarse al ser humano”

La Palabra para hoy nos invita a hacer una radiografía de nuestra vivencia espiritual: pasar de las apariencias externas a una fe auténtica, vivida desde el interior. De forma, que transforme toda nuestra existencia. Desde el principio, Dios ha querido revelarse al ser humano no solo con palabras, sino a través de su creación.
San Pablo, en la carta a los Romanos, subraya que el poder y la divinidad de Dios, son visibles para quien tiene el corazón abierto. Del mismo modo, el Salmo 18 proclama: que el cielo, el día y la noche son testigos silenciosos de la grandeza de Dios. Sin embargo, cuando el ser humano se detiene solo en lo exterior y adora las cosas creadas en lugar del Creador, cae en la desconexión espiritual y en el vacío interior.
El Evangelio de Lucas, nos muestra a Jesús confrontando una religiosidad superficial. Señala a los fariseos que se obsesionan con la pureza externa: lavarse las manos, limpiar copas y platos; mientras que sus corazones permanecen alejados de Dios. Jesús nos recuerda, que quien creó lo exterior, también conoce lo interior, y que la verdadera pureza comienza en el corazón. Es decir, esa limpieza del alma se manifiesta en actos concretos: como la generosidad, el perdón, la limosna y el amor. Por lo tanto, la fe no puede nunca reducirse a ritos y apariencias sin más: debe brotar del corazón y expresarse en la vida cotidiana.
San Pablo, también nos anima a no avergonzarnos del Evangelio, pues es fuerza de Dios para quienes creen. La fe verdadera no es teórica ni superficial: es viva, activa y transformadora. “El justo vivirá por la fe” (Rom 1,17), una fe que moldea nuestra manera: de pensar, actuar y amar. Reconocer a Dios, es saber darle gracias y rechazar las idolatrías modernas como son: el culto al ego, a lo material o a la apariencia física. Dicho de otra manera, es un camino hacia una fe auténtica que da fruto.
En la actualidad, la Palabra nos interpela a mirar más allá de las apariencias, examinar nuestro corazón y hacernos preguntas sinceras:

  1. ¿Mi fe es profunda o se queda en lo externo?
  2. ¿Reconozco a Dios en la creación y le doy gracias?
  3. ¿Soy generoso con lo que tengo y con lo que soy?
    La verdadera fe: no es solo creer, sino vivir con coherencia, gratitud y compromiso. No nos quedemos en la superficie. Dejemos que la luz de Dios trasfigure nuestro interior y se refleje en una vida: de amor, servicio y verdad.
    En este momento, te invito a dar un paso más: no te quedes en la superficie de la fe. Sumérgete en ella con valentía y esperanza. Permite que el amor de Dios renueve tu interior y se refleje: en cada acción, encuentro y servicio. Sé parte de esta misión de luz y verdad, donde haya dolor, llevemos consuelo; donde haya soledad, llevemos presencia, donde haya injusticia, llevemos la voz del Evangelio.
    Que nuestra vida sea testimonio vivo de una fe que transforma, que construye y que da esperanza.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13)✍