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LA PALABRA CADA DÍA
XXVII Semana. Tiempo Ordinario
“María nos enseña que la misión comienza en el corazón que escucha y responde”
Martes, 7 de octubre del 2025
Color: BLANCO
Primera lectura: Hch 1,12-14
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles
Después de subir Jesús al Cielo, los apóstoles se volvieron a Jerusalén desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén tan solo lo que la ley permite caminar en día sábado. Llegados a casa, subieron a la sala, donde se alojaban: Pedro y Santiago, y Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago hijo de Alfeo, y Simón Zelotes, y Judas hermano de Santiago. Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María la madre de Jesús, y con sus hermanos.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: Lc. 1, 46-47.48-49.50-5152-53.54-55
R/. “Bienaventurada eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al Hijo del Padre eterno”.
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. R/.
Porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. R/.
Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón. R/.
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. R/.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R/
O Bien: Salmo 110,1-2.14
Evangelio: Lc 1,26-38
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.
Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: -« ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: -«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y la dejó el ángel.
Palabra del Señor
“María nos enseña que la misión comienza en el corazón que escucha y responde”
El Rosario no es solo una devoción repetitiva, sino una escuela de contemplación misionera. En cada misterio, María nos enseña a mirar a Cristo, a acoger su voluntad, y a caminar con Él. En octubre, mes del Rosario y de las Misiones, la Iglesia nos invita a rezar y salir, como María.
El Rosario forma el corazón del discípulo: paciente, disponible, confiado. María no se queda en Nazaret: va a visitar a Isabel, lleva a Jesús en su seno, y permanece con la Iglesia en oración. La misión comienza en el corazón que medita la Palabra y se deja transformar.
Después de la Ascensión, los discípulos no se dispersan ni se paralizan. Se reúnen en el aposento alto, perseveran en la oración, y lo hacen con María. Ella, que dijo “sí” al ángel, ahora acompaña a la Iglesia naciente en su espera activa.
La misión necesita oración comunitaria, perseverante, confiada. María es modelo de Iglesia orante, disponible al Espíritu. La unidad en la oración prepara el terreno para la efusión misionera.
En la Anunciación, María no entiende todo, pero confía. Su “hágase” es el inicio de la misión de Dios en el mundo. Ella se convierte en arca viva, en puerta abierta al Reino. Su disponibilidad silenciosa es más poderosa que cualquier discurso.
La misión no exige entenderlo todo, sino confiar en el que llama. El “sí” de cada cristiano puede abrir caminos nuevos para el Evangelio. María nos enseña que la misión comienza en el corazón que escucha y responde.
El Papa Francisco nos recordaba que la esperanza cristiana es audaz, y que la misión es para todos. María, joven, humilde, sin poder humano, se convierte en la primera misionera. Hoy, ella nos invita a rezar el Rosario como camino de misión, y a decir “sí” como ella, para que Cristo llegue a todos los pueblos. ¿Estoy rezando el Rosario como camino de contemplación y envío? ¿Estoy disponible como María, incluso cuando no entiendo todo? ¿Estoy perseverando en la oración comunitaria, como los discípulos?
Hoy, en la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, el Señor nos invita a rezar con María, caminar con María, y anunciar con María. Que este mes misionero nos ayude a ser discípulos que contemplan y misioneros que actúan, llevando la esperanza de Cristo a todos los rincones del mundo.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13)✍

