La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

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LA PALABRA LA PALABRA CADA DOMINGO
II Domingo de Navidad. Ciclo C

Domingo, 5 de enero de 2025

Color: BLANCO

Primera lectura Ecl 24,1-4.12-16
Lectura del libro del Eclesiástico

La sabiduría hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades. En medio de su pueblo será ensalzada, y admirada en la congregación plena de los santos; recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos y será bendita entre los benditos.
Entonces el Creador del universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: Habita en Jacob, sea Israel tu heredad. Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás. En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder. Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 147,12-13.14-15.19-20
R/. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.
Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz. R/.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Segunda Lectura: Ef 1,3-6.15-18
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.
Por eso yo, que he oído hablar de su fe en el Señor Jesús y de su amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por ustedes, recordándolos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de su corazón, para que comprendan cuál es la esperanza a la que los llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Palabra de Dios

Evangelio: Jn 1,1-18
Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: Éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor


“La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”

Celebramos el Segundo Domingo de Navidad, y la liturgia nos invita a reflexionar sobre uno de los misterios más profundos de nuestra fe: La Palabra que se hizo carne y acampó entre nosotros.
En el Evangelio, san Juan, se nos presenta la Palabra, el "Verbo", que estaba con Dios desde el principio. Este Verbo es Cristo, la manifestación viva de Dios. "Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros". Este pasaje es el corazón del mensaje cristiano: Dios no solo crea y se mantiene distante, sino que se hace uno con nosotros, tomando nuestra humanidad, acercándose para salvarnos. Jesús, la Palabra eterna, entra en nuestra historia y nos revela el rostro amoroso de Dios.
La Palabra no es solo una serie de sonidos o letras. En el contexto del Evangelio de Juan, la Palabra (o Verbo) es la acción creadora y transformadora de Dios. Todo fue hecho por medio de ella, y por medio de Cristo, la Palabra hecha carne, tenemos acceso a la vida y a la luz que vencen toda oscuridad. Esta verdad es motivo de gran esperanza. A través de Jesús, Dios no es un ser lejano, sino cercano, caminando con nosotros, comprendiéndonos, amándonos.
El Eclesiástico describe la sabiduría que habita entre los hombres, una imagen que nos conecta con la Palabra de Dios que vino a vivir entre nosotros. Esta sabiduría no es abstracta; tiene un rostro, y es Cristo mismo. Jesús es la sabiduría encarnada, la revelación plena de Dios que nos muestra el camino hacia la vida verdadera.
El salmista nos invita a proclamar: "La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros". Este cántico de alabanza celebra la fidelidad de Dios que, al enviar a su Hijo, ha cumplido su promesa de salvación. Hoy podemos celebrar con gozo que Dios ha venido a vivir entre nosotros, trayendo paz y esperanza a nuestras vidas.
En la Carta a los Efesios, san Pablo nos recuerda que hemos sido bendecidos en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales. En Él somos adoptados como hijos de Dios, llamados a vivir en santidad y amor. Este conocimiento ilumina nuestro entendimiento y nos llena de esperanza, sabiendo que, a través de Cristo, participamos en la vida divina.
Este domingo, la Palabra hecha carne nos invita a abrir nuestros corazones a su presencia. ¿Cómo acogemos a Cristo en nuestra vida diaria? ¿Cómo dejamos que su luz ilumine nuestras sombras? Jesús, el Verbo de Dios, está aquí para habitar entre nosotros, para traernos consuelo, alegría y redención. Que esta verdad transforme nuestra vida, llenándonos de esperanza en este nuevo año civil que comenzamos.
Con alegría proclamamos: ¡La Palabra se hizo carne y habita entre nosotros! ¡Que su luz brille en nuestros corazones y en el mundo!

(Guía Mensual)


“Bendigamos a Dios que nos reúne en la Familia de Jesús, y que su amor de Padre esté constantemente con ustedes” ✍