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NUESTRO HIJO QUE MURIO SIN NACER
Por: Juan C. Benzán
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I
¡Cuánto anhelo el párvulo que perdimos!
El párvulo nuestro que murió sin nacer;
un tesoro del gran amor que esculpimos
sobre las alas de la noche y el amanecer…
II
Recuerdo tus lágrimas y tu sufrimiento
gravitando sobre ese infausto acontecer,
me amaste con el alma del sentimiento,
y con la inmensurable ternura de tu ser.
III
Para entonces, éramos muy jóvenes los dos,
tú siempre hermosa, amorosa, tierna y fiel;
yo era un mozo leído con ciertos presagios
de fama infundada, de vida convulsa e infiel.
IV
Recuerdo el sutil acontecer de cada mañana,
antes de partir a la oficina me colabas un café,
tú fuiste mi ángel en la ciudad metropolitana;
yo fui un cobarde; exento del valor que da la fe.
V
Quizás ese párvulo que tuvimos y no tuvimos
sería la eterna tangible felicidad consumada
de las horas perennes que juntos esculpimos;
tú satisfecha en el madrugar de la madrugada;
yo inexhausto de amor, de caricia y de cariño.
VI
Hoy, sobre el mástil que abriga la conciencia
imploro a nuestro Dios y a la Madre Naturaleza
por la felicidad de tu honorable existencia,
pues fuiste un peldaño donde mi vida empieza,
una deidad majestuosa, preñada de nobleza…
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Prof. Juan C. Benzán
Hato DelPadre San Juan
República Dominicna.

