![]()
LA PALABRA CADA DÍA
XVII Semana. Tiempo Ordinario
“Jesús nos invita a esperar, a dejar que trigo y cizaña crezcan juntos hasta la cosecha”
Lunes, 29 de julio del 2024
Color: BLANCO
Primera Lectura: Jr 13, 1-11
Lectura del Profeta Jeremías
Así me dijo el Señor: «Vete y cómprate un cinturón de lino, y rodéate con él la cintura; pero que no toque el agua». Me compré el cinturón, según me lo mandó el Señor, y me lo ceñí.
Me volvió a hablar el Señor: «Toma el cinturón que has comprado y llevas ceñido; levántate y ve al río Éufrates, y escóndelo allí, entre las hendiduras de las piedras». Fui y lo escondí en el Éufrates, según me había mandado el Señor.
Pasados muchos días me dijo el Señor: «Levántate, vete al río Éufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder allí». Fui al Éufrates, cavé, y recogí el cinturón del sitio donde lo había escondido: estaba estropeado, no servía para nada. Entonces me vino la siguiente palabra del Señor: Así dice el Señor: «De este modo consumiré la soberbia de Judá, la gran soberbia de Jerusalén. Este pueblo malvado que se niega a escuchar mis palabras, que se comporta con corazón obstinado y sigue a dioses extranjeros, para rendirles culto y adoración, será como ese cinturón que ya no sirve para nada. Como se adhiere el cinturón a la cintura del hombre, así me adherí la casa de Judá y la casa de Israel -oráculo del Señor-, para que ellas fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza, mi ornamento; pero no me escucharon».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: Dt 32, 18-19.20.21
R/. Despreciaste a la Roca que te engendró
¡Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz! Lo vio el Señor, e irritado rechazó a sus hijos e hijas. R/.
Pensando: Les esconderé mi rostro y veré en qué acaban, porque son una generación depravada, unos hijos desleales. R/.
Ellos me han dado celos con un dios ilusorio, me han irritado con ídolos vacíos: pues yo les daré celos con un pueblo ilusorio, los irritaré con una nación fatua. R/.
Evangelio: Mt 13, 31-35
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas».
Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente». Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.
Palabra del Señor
“El Reino de Dios es una realidad espiritual que se manifiesta en actos de amor, justicia y misericordia”
Para Jesús, la palabra "Reino" representa no solo un dominio o una esfera de influencia, sino el reinado de Dios mismo sobre los corazones y las vidas de las personas. El Reino de Dios es una realidad espiritual que se manifiesta en actos de amor, justicia y misericordia, invitando a todos a una relación transformadora con Dios. Es tanto un presente como un futuro esperado, donde la voluntad de Dios se realiza plenamente en la tierra como en el cielo.
Una parábola es una historia corta que utiliza elementos cotidianos para revelar verdades espirituales profundas. Jesús usaba parábolas para enseñar sobre el Reino de Dios de manera que sus oyentes pudieran entender conceptos complejos a través de situaciones familiares. Estas historias no solo informaban, sino que también invitaban a la reflexión y al cambio de corazón.
En Jeremías 13, la parábola del cinturón podrido es una poderosa imagen que Dios usa para mostrar a su pueblo la trágica consecuencia de alejarse de Él. Al igual que un cinturón se adhiere al cuerpo, Dios deseaba que su pueblo estuviera íntimamente unido a Él, para ser su orgullo y mostrar su gloria al mundo. Sin embargo, la desobediencia y la idolatría habían corrompido esa relación, volviéndola inútil como el cinturón podrido. Esta imagen dramática subraya la importancia de la fidelidad y la cercanía a Dios para cumplir nuestro propósito divino.
El Salmo Responsorial lamenta el olvido de Dios por parte de su pueblo, a pesar de todo lo que Él ha hecho por ellos. La ingratitud y la infidelidad provocan la justa indignación de Dios, pero incluso en su reprobación, persiste la esperanza de redención. Este canto nos recuerda la necesidad de recordar y responder al amor y cuidado constantes de Dios con fidelidad y adoración.
Estas lecturas nos llaman a examinar la calidad de nuestra adhesión al Reino de Dios. ¿Estamos viviendo en conformidad con los valores del Reino, amando a Dios y a nuestro prójimo, o nos hemos alejado, olvidando a Aquel que es nuestra verdadera fuente de vida y bendición? Que esta reflexión nos inspire a buscar una renovación de nuestro compromiso con Dios, viviendo de manera que reflejemos su amor y justicia en el mundo, recordando siempre que somos llamados a ser signos vivos del Reino de Dios aquí y ahora.
(Guía Litúrgica)
“Que la gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor y la fuerza del Espíritu Santo inunden la vida de cada uno de nosotros”✍

