Por: Nidio Valenzuela
Estoy entrenando dos halcones (mis ojos), se lanzan sin reparo sobre cualquier cosa, debo enseñarles dirigirse solo a lo esencial, a lo noble y verdadero; dos águilas (mis manos) pueden construir o herir, cada día les enseño actuar con precisión, con cuidado; calmando a dos conejos que son (mis pies) tienden a huir cuando hay dolor, esfuerzo o incomodidad, estoy enseñándolos a quedarse firmes, a andar solo en dirección exacta; estoy constantemente motivando un burro o asno lo es (mi cuerpo) a veces se fatiga, se queja y se niega a avanzar, mi tarea es motivarlo, cuidarlo y recordarles que aun puedes más, siempre se puede ir por más; disciplinando a una serpiente (mi lengua) es mi mayor peligro, cada día debo enseñarles control para que hable con verdad y no con veneno, aunque la verdad puede resultar menos graciosa, igual asumo las consecuencias, tengo muy claro a que grupo pertenezco y, como ultima tarea; domando a un león (mi ego) quieres tener la razón, dominar, es orgulloso, casi implacable, domarlo es mi tarea más dura,sobre todo en un mundo donde “el burro es profesor y al profesor lo tildan de burro”, donde la estética es más importante que la integridad, la vanidad es la regla, en lugar de la honestidad, en fin traigo esta fábula atribuida a un ermitaño desconocido, pero que aplica muy bien a mi trabajodiario y silencioso en busca del autocontrol y una disciplina de vida que genere bienestar y que mis acciones inspiren en la construcción de una sociedad socialmente responsable. No hay horario, ni paga, ni tiempo, pero debo hacerlo, sino me entreno a mí mismo todo lo que hagas allí afuera carecerá de sentido, el verdadero trabajo se refleja en el alma y nunca termina, recorridas estas cuatro primeras décadas de mi existencia estoy convencido que la ignorancia no se cura, pues, como bien establece el Dr. Iván Gatón mi maestro “no tenemos tiempo para aprender todo”.
He vivido sabiendo que los golpes son parte de mi crecimiento, que sin eso golpes no sería útil, no se cumpliría mi propósito, claro soy débil y a veces quiero abandonar, pero la fe en Dios me ayuda a continuar. Desde los 14 años ya tenía mis objetivos claros, estudiar con alta responsabilidad, lectura, matemáticas, gramática, ciencias etc. Etc. Hoy 26 años después, debo decir vale la pena invertir en educación cuando se tiene una formación de hogar correcta, cuando el camino es la construcción de un mundo que nos regalaron y que debemos dejarlo mejor o por lo menos tratar, nunca estuve fuera de un programa de estudio formal, bachillerato, grado, maestrías, diplomados, programa de mentoría o coaching, pero sobre todo auto formación continua. También se cumplen 22 años de trabajo formal ininterrumpido, no pido que me entiendan, pero espero que cuando hayan cargado su venado como dice la fábula, entonces entiendan que sus exigencias, críticas sobre mis posibles logros y su distribución fueron indiscriminadas e injustas y entonces solo entonces nazca la empatía.
Ya puedo contar 5,200 horas impartidas en promedio de capacitación, coaching a personal de ventas (vendedores, merchandiser, supervisores, personal de servicio al cliente y otros lideres), 4,000 horas en capacitación y motivación en programa de liderazgo, manejo de residuos sólidos, 300 horas de capacitación dirigida a lideres sociales y estudiantes de educación de la región del Valle (Elías Piña y San Juan, R.D.) y estas incluyen charlas nacionales y 2,500 horas en radio y televisión etc. En 22 años de pluriempleo trabajé un promedio de 60 mil horas y en 26 años de estudios invertí 40 mil horas promedio.
Malcolm Gladwell en su libro Outliers establece que se necesitan por lo menos 10 mil horas de prácticas deliberada para alcanzar el dominio y la maestría en cualquier campo complejo. Anders Ericsson psicólogo investigador es quien origina dicha regla a través de la investigación realizadas en músicos y otros profesionales, entonces puedo afirmar sin temor a dudas que he cumplido las horas dedicadas al trabajo y la formación académica sobrepasan por demasiado loestablecido por los autores, de manera que sometiéndome al más estricto filtro horas-calidad indudablemente objetivo cumplido, debo destacar la importancia de la inteligencia emocional y las habilidades sociales en el éxito, tal cual lo señala el autor de Outliers en el capítulo III “que el coeficiente intelectual per sé no garantiza el éxito”. También S.E. embajador Felipe Vicini nos insiste en catedra sobre las habilidades sociales y la meticulosidad.
Hoy pudiera estar envejecido por razones varias, el mundo no se detiene, el cambio es constante, por tanto, entiendo debo hacer como el águila, iniciar arrancando mi pico, arrancar mis alas, aunque duela, será muy doloroso, pero inmensamente necesario, el dolor es temporal, pero la transformación nos lleva más lejos de lo imaginado.
Soy una vasija agrietada como la fábula, lo sé, pero espero que mis defectos y errores hayan servido para transformar la vida de otros, lo que derramo con mi carácter, temperamento e integridad inquebrantable sea de bendición, aportando a una sociedad socialmente responsable.
Gracias a Dios, a mi familia, empresarios, ONG y gobiernos que han confiado en mí, amigos, colaboradores y superiores que me han tolerado y apoyado.
¡La tierra que piso hoy, será mi techo al final!
Nidio Valenzuela, campesino de San Juan, Oeste de la República Dominicana, paraíso del Caribe.