¨YA NO AÑORO SUS BESOS¨ (Versiprosas para el alma)
Por: Juan C. Benzán.

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Por: Juan C. Benzán.
I
¡ Cuánto ha cambiado la mujer que durante décadas
me cautivó en el regazo de su oceánica fascinación!
II.
¡ Cuánto fluye el vestido en el encanto de una mujer
ardiente, sublime, hermosa, sensual y tentadora!
III.
Hoy la vi vestida de negro, con su rostro precioso
y sus majestuosos labios de aurora,
hermosa y bella como siempre; pero no igual.
Aún ocultas en su rostro las huellas del tiempo
inexorable, que envejece y que atesora…
IV.
Grácil y tierna aún; me pareció distinta, ignota y lejana,
como la vetusta esperanza sepultada en el estro del ayer.
¡Cuántas entregas hurtadas sobre la noche y la mañana!
¡Cuántos espasmos cargados en su intimidad de mujer!
.
V
Emotiva estrechó mis manos como antes; es cierto;
pero el hechizo de su excelsa belleza no conmovió
el inexhausto caudal de mi perenne sentimiento;
me miró quedamente; muy quedamente me miró…
.
VI
Quizás fue ella la mujer que más quise en la vida;
la amé desde siempre y ella me amó con locura;
ya no la extraño; mas fue ella mi musa consentida;
ya no anhelo sus besos ni su sempiterna ternura.
VII
Su grácil presencia es página harto leída
de un desahuciado periódico cualquiera;
como la luz de una estrella del cielo caída;
pues más que amor; es sólo una quimera…
.
VIII
Joven y tierna aún; me pareció ignota y lejana,
como un vetusto recuerdo sepultado en el ayer.
¡Cuántos gemidos por la noche y la mañana!
¡Cuántos espasmos, en su escarcela de mujer!
.—————————————————–Por: Juan C. Benzán.
I
¡ Cuánto ha cambiado la mujer que durante décadas
me cautivó en el regazo de su oceánica fascinación!
II.
¡ Cuánto fluye el vestido en el encanto de una mujer
ardiente, sublime, hermosa, sensual y tentadora!
III.
Hoy la vi vestida de negro, con su rostro precioso
y sus majestuosos labios de aurora,
hermosa y bella como siempre; pero no igual.
Aún ocultas en su rostro las huellas del tiempo
inexorable, que envejece y que atesora…
IV.
Grácil y tierna aún; me pareció distinta, ignota y lejana,
como la vetusta esperanza sepultada en el estro del ayer.
¡Cuántas entregas hurtadas sobre la noche y la mañana!
¡Cuántos espasmos cargados en su intimidad de mujer!
.
V
Emotiva estrechó mis manos como antes; es cierto;
pero el hechizo de su excelsa belleza no conmovió
el inexhausto caudal de mi perenne sentimiento;
me miró quedamente; muy quedamente me miró…
.
VI
Quizás fue ella la mujer que más quise en la vida;
la amé desde siempre y ella me amó con locura;
ya no la extraño; mas fue ella mi musa consentida;
ya no anhelo sus besos ni su sempiterna ternura.
VII
Su grácil presencia es página harto leída
de un desahuciado periódico cualquiera;
como la luz de una estrella del cielo caída;
pues más que amor; es sólo una quimera…
.
VIII
Joven y tierna aún; me pareció ignota y lejana,
como un vetusto recuerdo sepultado en el ayer.
¡Cuántos gemidos por la noche y la mañana!
¡Cuántos espasmos, en su escarcela de mujer!
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Prof. Juan C. Benzán
Hato DelPadre San Juan
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