X

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza

LA PALABRA CADA DOMINGO

XXXI Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo B.

Domingo, 3 de octubre del 2024. III Semana

Color: VERDE

Primera Lectura: Dt 6,2-6
Lectura del Libro del Deuteronomio

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: «Teme al Señor, tu Dios, guardando todos sus mandatos y preceptos que te manda, tú, tus hijos y tus nietos, mientras vivan; así prolongarás tu vida. Escúchalo, Israel, y ponlo por obra, para que te vaya bien y crezcas en número. Ya te dijo el Señor, Dios de tus padres: “Es una tierra que mana leche y miel.” Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria».

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 17,2-3a.3bc-4.47 y 51ab
R/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. R/.
Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu Ungido. R/.

Segunda Lectura: Hb 7,23-28
Lectura de la Carta a los Hebreos

Hermanos: Ha habido multitud de sacerdotes del Antiguo Testamento, porque la muerte les impedía permanecer; como éste, en cambio, permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día -como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo-, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. En efecto, la Ley hace a los hombres sumos sacerdotes llenos de debilidades. En cambio, las palabras del juramento, posterior a la Ley, consagran al Hijo, perfecto para siempre.

Palabra de Dios

Evangelio: Mc 12,28b-34
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que éstos». El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor
///////////////////////////
“Se trata de amar a Dios por sobre todo y al prójimo como a nosotros mismos, no hay más”

Las lecturas de hoy tienen un elemento en común: el mandato del amor.
“Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”, sentenció Moisés al Pueblo de Israel, instándolo a guardar los mandatos y preceptos del Señor “poniéndolos por obra para que les vaya bien”, según hemos visto en la primera lectura, y la afirmación hecha con el salmista: “yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza”.
Por otra parte, el Evangelio nos presenta el coloquio entre Jesús y el escriba que le pregunta cuál es el primer mandamiento de todos. Jesús responde: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que éstos». A esta respuesta del Maestro, ya escuchamos el sensato comentario del escriba, lo que lleva a Jesús a decirle: “No estás lejos del Reino de Dios”.
Ahora viene la cuestión: la respuesta que dio el escriba a Jesús describía un entendimiento de la Palabra. Ese era un paso de avance hacia el Reino de Dios. Quizás tú y yo entendamos esto y Jesús también nos dice: “no están lejos del Reino de Dios”. Pero no debemos contentarnos con saber que “no estamos lejos”. Nuestra mayor alegría sería saber que, por nuestras obras en el diario vivir, nos aseguramos merecer “estar en el Reino de Dios”, que ya Jesús nos dijo en una ocasión que éste estaba en medio de nosotros (cfr. Lc 17,21b). Demos al amor el primer lugar en nuestras vidas, con Dios y con el prójimo, y así entraremos con facilidad al Reino de Dios.
Se trata de amar a Dios por sobre todo y al prójimo como a nosotros mismos, no hay más. El asunto es que practicarlo no resulta tan sencillo. Es un proyecto que ocupa toda la vida y que demanda un modo de proceder y de actuar único. Requiere un continuo proceso de conversión. El que ama, sirve; vive para servir y se apoya en la oración. Por eso, digamos continuamente: “Señor, enséñanos a orar” y hagámoslo en familia porque la oración fomenta la unidad familiar. Hoy, en familia, recemos juntos el Padre Nuestro. Así sea.

(Guía Litúrgica)

“Que la gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor y la fuerza del Espíritu Santo inunden la vida de cada uno de nosotros”✍

Categorías: Nacionales
admin:
X

Headline

You can control the ways in which we improve and personalize your experience. Please choose whether you wish to allow the following:

Privacy Settings