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Una evaluación no define una vocación

Por: Licdo. Carlos Antonio Vicente Vicente

Todo proceso de evaluación deja resultados, pero también deja emociones. La reciente evaluación de desempeño profesional desarrollada en el sistema educativo dominicano generó alegría en algunos, pero también frustración, ansiedad, desencanto y tristeza en muchos profesionales que no obtuvieron los resultados esperados.

En mi caso particular, agradezco a Dios haber alcanzado una puntuación de 96, dentro del nivel de excelencia, tomando en cuenta que dicho nivel iniciaba a partir de 91. Sin embargo, entiendo que un resultado positivo no debe llevarnos a mirar por encima del hombro a quienes no alcanzaron la misma valoración. Al contrario, debe comprometernos a mirar este proceso con mayor sensibilidad, humildad y sentido humano.

Desde mi rol como orientador, considero que una evaluación no puede analizarse únicamente desde una puntuación. Detrás de cada profesional evaluado hay una historia, años de servicio, sacrificios, responsabilidades familiares, carga laboral, condiciones institucionales y un deseo legítimo de ser valorado por su entrega.

Es justo felicitar a quienes alcanzaron niveles excelentes. Ese logro refleja preparación, disciplina, vocación y compromiso con la educación dominicana. Pero también es necesario mirar con respeto a quienes no obtuvieron los resultados que esperaban. Muchos expresaron sentirse agotados, confundidos o decepcionados. Otros señalaron que el examen fue muy extenso, que los instrumentos resultaron largos y que algunas partes estuvieron “duras”, como decimos en buen dominicano.

Estas voces no deben ser ignoradas. Una evaluación puede medir aspectos importantes del desempeño, pero no siempre logra reflejar todo lo que una persona sabe, entrega y aporta en su contexto. Factores como el estrés, el tiempo, la extensión del instrumento, el cansancio mental, la presión emocional y las condiciones en que se desarrolla el proceso también influyen en el resultado.

Por eso, un resultado desfavorable no debe convertirse automáticamente en culpa personal ni en descalificación profesional. Desde una mirada psicopedagógica, es necesario validar las emociones que surgieron. Sentir frustración, vergüenza, enojo o tristeza después de un resultado no esperado es humano. Lo importante es no quedarse atrapado en esas emociones, sino procesarlas y convertirlas en una oportunidad de crecimiento.

A quienes no obtuvieron los resultados deseados, quiero decirles con respeto y esperanza: una puntuación no define toda su trayectoria. No borra sus años de servicio, no invalida su experiencia, no elimina el impacto que han tenido en sus estudiantes ni significa que no puedan superarse. Es solo un momento dentro de un camino profesional que todavía puede fortalecerse.

También debemos evitar la comparación dañina. La excelencia de algunos no debe ser motivo de humillación para otros. Más bien, debe servir como una oportunidad para compartir buenas prácticas, aprender en comunidad y construir una cultura de apoyo entre profesionales. En educación, nadie crece verdaderamente solo.

El llamado no es a negar las dificultades del proceso. Si hubo aspectos que deben revisarse, es válido expresarlo con respeto. Todo sistema que evalúa también debe estar dispuesto a evaluarse a sí mismo. Pero después del desencanto debe venir la reflexión; después de la frustración, la reorganización; y después de un resultado no esperado, un plan de mejora.

Como orientador, recomiendo cuidar primero la salud emocional. Respirar, conversar con personas de confianza, revisar los resultados con calma, identificar áreas de mejora, fortalecer competencias y participar en procesos de formación continua. La mejora profesional no nace de la culpa ni del miedo, sino del acompañamiento, la reflexión y el compromiso.

La educación dominicana necesita profesionales emocionalmente fortalecidos. Necesita personas capaces de celebrar sus logros con humildad, pero también de levantarse después de una caída. A quienes alcanzaron la excelencia, felicidades. A quienes no les fue como esperaban, ánimo. No permitan que una puntuación les robe la paz, la vocación ni la confianza en ustedes mismos.

Porque una evaluación puede medir un momento, pero no puede medir por completo el valor, la entrega, la vocación y la capacidad de superación de un ser humano.

Categorías: Locales
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