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Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación

LA PALABRA CADA DÍA

XXVII Semana. Tiempo Ordinario

“Anuncio a todos que muero voluntariamente”

Viernes, 17 de octubre del 2025

Color: ROJO

Primera lectura: Rom 4,1-8

Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos

Hermanos: Veamos el caso de Abrahán, antepasado de nuestra raza. ¿Aceptó Dios a Abrahán por sus obras? Si es así, tiene de que estar orgulloso; pero de hecho, delante de Dios no tiene de qué. A ver, ¿qué dice la Escritura?: «Abrahán creyó a Dios, y le fue computado como justicia.» Pues bien, a uno que hace un trabajo el jornal no se le cuenta como un favor, sino como algo debido; en cambio, a éste que no hace ningún trabajo, pero tiene fe en que Dios absuelve al culpable, esa fe se le cuenta en su haber. También David llama dichoso al que Dios cuenta como inocente, prescindiendo de sus obras: «Dichoso el hombre que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le cuenta el pecado».

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 31,1-2.5.11

R/. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R/.
Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mí culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.
Alégrense, justos, y gocen con el Señor; aclámenlo, los de corazón sincero. R/.

Evangelio: Lc 12,1-7
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digan de noche se repetirá a pleno día, y lo que digan al oído en el sótano se pregonará desde la azotea. A ustedes les digo, amigos míos: no tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Les voy a decir a quién tienen que temer: teman al que tiene poder para matar y después echar en el fuego. A éste tienen que temer, se lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo: no hay comparación entre ustedes y los gorriones».

Palabra del Señor


“Anuncio a todos que muero voluntariamente”

En el Evangelio de hoy, Jesús advierte a sus discípulos contra «la levadura, es decir, la hipocresía de los fariseos». La levadura, como es sabido, tiene un efecto positivo en la preparación del pan y los postres, ayuda a la masa a fermentar y a convertirse en lo que debe ser. La «levadura de la hipocresía», en cambio, tiene un efecto nocivo en las personas: es contagiosa y las lleva a mostrar lo que no son, a vivir en la mentira, a privilegiar las apariencias y a crear una sociedad aparente en la que las personas son como «actores». El discípulo está llamado a discernir la levadura que mueve su vida: si es el miedo a la muerte lo que conduce a la hipocresía, o si es la levadura de la bondad y la verdad.
En la segunda parte del Evangelio, Jesús invita a sus oyentes a tener una actitud de confianza y abandono incondicional ante Dios Padre. Él cuida de nosotros con una ternura inmensa, sin pasar por alto ningún detalle. Incluso los cabellos de nuestra cabeza están contados: esto es una señal de su amor. De hecho, nuestro valor es infinito como su amor por nosotros: valemos más que la vida de su Hijo, valemos la sangre de Cristo. Por lo tanto, estamos llamados a contemplar a Dios, que está siempre presente y activo en nuestra vida y en nuestra historia, y a confiar en su amor por nosotros.
La experiencia profunda del amor de Dios elimina el miedo a la muerte que condiciona nuestra vida. Hoy, la Iglesia celebra la memoria de San Ignacio de Antioquía, un ejemplo de aquellas personas de fe que, a lo largo de la historia, no han temido a los que «matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más». El tercer obispo de Antioquía, en Siria, fue víctima de la persecución del emperador Trajano. Fue arrestado alrededor del año 110 y llevado a Roma encadenado. Durante el viaje, escribió siete cartas que dan testimonio de su ardiente amor por Cristo y por la Iglesia. En la carta a los romanos escribió qué era «la levadura de Dios»: «Escribo a todas las Iglesias y anuncio a todos que muero voluntariamente por Dios, si ustedes no me lo impiden. Les ruego que no tengan por mí una benevolencia inoportuna. Dejen que sea comida de las fieras, por medio de las cuales puedo llegar a Dios. Soy trigo de Dios y molido por los dientes de las fieras me convertiré en pan puro de Cristo». Por eso, San Ignacio pide a los cristianos que no impidan su martirio, para que pueda «nacer» en la eternidad.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13)✍

Categorías: Nacionales
Melvin Mix:
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