LA PALABRA CADA DÍA
XXXII Semana. Tiempo Ordinario
“Somos unos pobres siervos”
Martes, 8 de noviembre del 2022
Color: VERDE
Primera lectura: Ti 2, 1-8.11-14
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a Tito
Querido hermano: Habla de lo que es conforme a la sana enseñanza. Di a los ancianos que sean sobrios, serios y prudentes; que estén robustos en la fe, en el amor y en la paciencia. A las ancianas, lo mismo: que sean decentes en el porte, que no sean chismosas ni se envicien con el vino, sino maestras en lo bueno, de modo que inspiren buenas ideas a las jóvenes, enseñándoles a amar a los maridos y a sus hijos, a ser moderadas y púdicas, a cuidar de la casa, a ser bondadosas y sumisas a los maridos, para que no se desacredite la palabra de Dios. A los jóvenes, exhórtalos también a ser prudentes, presentándote en todo como un modelo de buena conducta. En la enseñanza sé íntegro y grave, con un hablar sensato e intachable, para que la parte contraria se abochorne, no pudiendo criticarnos en nada. Porque ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 36, 3-4.18.23.27y 29
R/. El Señor es quien salva a los justos
Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. R/.
El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre. El Señor asegura los pasos del hombre, se complace en sus caminos. R/.
Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; pero los justos poseen la tierra, la habitarán por siempre jamás. R/.
Evangelio: Lc 17, 7-10
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, dijo el Señor: «Supongan que un criado suyo trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de ustedes le dice: "En seguida, ¿ven y ponte a la mesa”? ¿No le dirán: "¿Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Tienen que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo ustedes: Cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer".
Palabra del Señor
“Somos unos pobres siervos”
Cada uno de nosotros, de acuerdo con nuestra vocación, hemos sido llamados a realizar alguna labor en la viña del Señor. Ahora, sería bueno que nos preguntáramos… ¿Cuál es la viña en la que el Señor me ha puesto? ¿Es nuestra parroquia, asumiendo una labor evangelizadora? ¿Es en el grupo de oración, o es en la familia que el Señor me ha puesto para que yo me “plante” y produzca fruto? Hay una frase muy hermosa que dice… ¡Donde Dios me ponga tengo que florecer! ¡A eso estamos llamados!
El que asume conscientemente la misión que el Señor le ha encomendado lo hace con gusto y con amor y sin esperar recompensas a cambio. Continuamente agradece a Dios el poder ser “sus manos, sus pies, sus labios” en este mundo presente.
Todo lo que hagamos en esa viña en la que el Señor nos ha plantado no es con miras a una recompensa en este mundo, sino porque queremos ser fieles cumplidores de la misión que se nos ha encomendado.
Sin embargo, muchas veces esto no es así. Por eso, en innumerables ocasiones reclamamos a los hijos el sacrificio que como padres hacemos o hemos hecho. Como, por ejemplo, cuando nuestro hijo o hija decide casarse al terminar los estudios y pensamos que no nos ha “devuelto” lo que hemos “invertido” en él o ella.
Cuando cantaleteamos ante nuestro esposo los sacrificios que hemos tenido que hacer durante el día al realizar los quehaceres del hogar mientras él se sienta a ver televisión y nosotras aún no terminamos.
Cada vez que nos envolvemos en reclamos nos olvidamos (de) que lo que Dios ha hecho por nosotros no tenemos con qué pagarlo. Por eso, sin importar lo que implique para nosotros en tiempo, esfuerzo y sacrificio cumplir la misión que se nos ha encomendado, solo tenemos que decir… somos simples sirvientes, solamente hemos cumplido con nuestro deber.
(Guía Mensual)
“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍