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"Señor que me alcance tu favor”

LA PALABRA CADA DÍA

XXVIII Semana. Tiempo Ordinario

"Señor que me alcance tu favor”

Martes, 15 de octubre del 2024

Primera lectura: Gál 5,1-6
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas

Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manténganse firmes, y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud. Miren lo que les digo yo, Pablo: si se circuncidan, Cristo no les servirá de nada. Lo afirmo de nuevo: el que se circuncida tiene el deber de observar la ley entera. Los que buscan la justificación por la ley han roto con Cristo, han caído fuera del ámbito de la gracia. Para nosotros, la esperanza de la justificación que aguardamos es obra del Espíritu, por medio de la fe, pues, en Cristo Jesús, da lo mismo estar circuncidado o no estarlo; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 118,41.43.44.45.47.48
R/. Señor, que me alcance tu favor

Señor, que me alcance tu favor, tu salvación según tu promesa. R/.
No quites de mi boca las palabras sinceras, porque yo espero en tus mandamientos. R/.
Cumpliré sin cesar tu voluntad, por siempre jamás. R/.
Andaré por un camino ancho, buscando tus decretos. R/.
Serán mi delicia tus mandatos, que tanto amo. R/.
Levantaré mis manos hacia ti recitando tus mandatos. R/.

Evangelio: Lc 11,37-41
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosan de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?
Den limosna de lo de dentro, y lo tendrán limpio todo».

Palabra del Señor


"Señor que me alcance tu favor”

Hoy las lecturas nos invitan a una reflexión muy profunda. Nos invitan a revisar la intención de nuestras acciones. ¿Por qué hago lo que hago? ¿Creo que mis acciones me ganan el reino? ¿Creo que soy bueno porque obro bien? ¿Hago muchas cosas en la Iglesia para sentir que soy mejor cristiano?
Pablo hace afirmaciones fuertes separando la ley de nuestra justificación frente a Dios. ¿El apóstol nos dice que es malo seguir la ley? ¿Es malo hacer lo que establece la norma y la catequesis de la Iglesia? La respuesta, mis hermanos, como decía al principio de la reflexión, está “en el examen de nuestra intención.” Lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor. Es importante, bueno y hasta necesario, seguir la ley, la catequesis, los buenos consejos, la doctrina de la iglesia. Esto nos sirve de guía para momentos tan confusos y de tanta mentira en este mundo para discernir sobre qué viene de Dios y qué no. Pero es más importante, que cada una de nuestras acciones salgan de nuestro interior por una fe activa en la práctica del amor a Dios. Vamos a misa no porque es obligatorio, porque si no voy, ofendo a Dios. Voy a la Eucaristía porque ahí me encuentro con mi Dios amado, le adoro en el sacramento, oro en comunidad, lo conozco a través de su Palabra y vivo mi fe en el amor de la comunidad. Esta reflexión interior da sentido a la Eucaristía regular y a todas nuestras acciones; sale desde el amor, no desde la obligación o del miedo.
Canta el salmista “Señor que me alcance tu favor”. Esto que reflexionamos anteriormente de cómo debemos ver nuestras acciones, solo se logra a través de la gracia del espíritu de Dios y su acción en nosotros a través de los sacramentos y nuestra oración personal. Solo en nuestro proceso de conversión, el cual nunca acaba hasta nuestro encuentro con el Padre, nos iremos transformando interiormente y así nuestras acciones reflejarán el amor que Dios cultivará en nosotros.
Jesús, en el Evangelio es muy directo respecto a lo que debemos cuidar, sanar, promover, cultivar y atender: nuestro interior. Denuncia la práctica farisaica de respetar la ley como si fuera lo esencial, como si el cumplimiento de ella fuera suficiente, descartando por completo el objetivo de la ley.
Nos invita el Señor a dar de lo que tenemos en nuestro interior; por eso, cultivemos nuestro ser, nuestra alma; acerquémonos a Dios en su Palabra, en nuestra oración personal, en nuestra oración comunitaria, en nuestros sacramentos. Aprendamos de María, aprendamos de la vida de los santos de nuestra Iglesia. Pidámosle a Jesús que nos haga Santos como Él, que nos enseñe a amar como Él, que nos dé el celo por la justicia, que nos mueva a hacer la opción igual que Él por los pobres, los enfermos, los ancianos, los marginados, los encarcelados y todo aquel que por alguna razón le falte amor.

(Guía Mensual)

“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍

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