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“Quien da generosamente, recibe generosamente”

LA PALABRA CADA DÍA

XXII Semana. Tiempo Ordinario

“Quien da generosamente, recibe generosamente”

Jueves, 12 de septiembre del 2024

Color: VERDE o BLANCO

(O Bien: Del común de Santa María, Virgen)

Primera Lectura 1Cor 8,1b-7.11-13
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios

Hermanos: El conocimiento engríe, lo constructivo es el amor mutuo. Figurarse que uno tiene conocimiento, es no haber empezado a conocer como es debido. A uno que ama es a quien Dios reconoce. Vengamos a eso de comer de lo sacrificado. Sabemos que en el mundo real un ídolo no es nada, y que Dios no hay más que uno; pues, aunque hay los llamados dioses en el cielo y en la tierra –y son numerosos los dioses y numerosos los señores–, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede el universo y a quien estamos destinados nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe el universo y por quien existimos nosotros.
Sin embargo, no todos tienen ese conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo y, como su conciencia está insegura, se mancha. Así, tu conocimiento llevará al desastre al inseguro, a un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecan contra Cristo. Por eso, si por cuestión de alimento peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 138,1-3.13-14ab.23-24
R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando siento y me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. R/.
Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras. R/.
Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno. R/.

Evangelio: Lc 6,27-38
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Traten a los demás como quieran que ellos los traten. Pues, si aman sólo a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacen bien sólo a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. Y si prestan sólo cuando esperan cobrar, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada; tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sean compasivos como su Padre es compasivo; no juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados; den, y se les dará: les verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que usen, la usarán con ustedes”.

Palabra del Señor


“Quien da generosamente, recibe generosamente”

Aceptar el programa de vida que suponen las bienaventuranzas, nos lleva a poner en práctica unas actitudes y unas acciones imprescindibles en la vida del discípulo: “amar”, no sólo a los míos, sino a los enemigos; “bendecir”, el cristiano no maldice, ofrece y da la bendición que proviene de lo alto; “presentar la otra mejilla”, es decir, el querer de Dios para con tu vida y la de cada uno de nosotros. No apegarnos a los bienes de acá (ropa, vestidos, casas, etc.) sino tener un total desprendimiento. Dar el buen trato a los demás.
El Hijo de Dios fue acusado de juntarse con publicanos y pecadores. Jesús no rechazó a nadie. Tampoco el discípulo, tú y yo, no debemos rechazar a la persona; al acercarse a nosotros debemos darle un trato afectuoso, de forma que, sintiéndose acogido, su vida se transforme. Generosidad, amabilidad, dulzura, propiciar encuentros fraternos, es lo que nos llevará a ser buenos administradores de las múltiples gracias y dones que el Señor ha puesto en nuestras manos. La medida que usemos, esa misma medida usarán con nosotros, es decir, si eres tacaño, serán tacaños contigo. Por lo tanto, seamos generosos para con los otros, quien da generosamente, recibe generosamente también.

(Guía Litúrgica)

“Que la gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor y la fuerza del Espíritu Santo inunden la vida de cada uno de nosotros”✍

Categorías: Nacionales
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