LA PALABRA DIARIA
Viernes, XXVI Semana. Tiempo ordinario
Color: BLANCO
1 de octubre de 2021
Memoria Obligatoria: Santa Teresa del Niño Jesús, Virgen y Doctora de la Iglesia
Primera lectura: Bar 1,15-22
Lectura del libro de Baruc
Confesamos que el Señor, nuestro Dios, es justo, nosotros en cambio, sentimos vergüenza de la culpa de este día: judíos, vecinos de Jerusalén, nuestros reyes y gobernantes, nuestros sacerdotes y profetas y a nuestros antepasados; porque pecamos contra el Señor no haciéndole caso, desobedecimos al Señor, nuestro Dios, no siguiendo los mandatos que el Señor nos había, propuesto. Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy, no hemos hecho caso al Señor, nuestro Dios, hemos rehusado obedecerle.
Por eso, nos han sucedido ahora las desgracias y la maldición que el Señor conminó a Moisés, su siervo, cuando sacó a nuestros padres de Egipto, para darnos una tierra que mana leche y miel. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, que nos hablaba por medio de sus enviados, los profetas; todos seguimos nuestros malos deseos, sirviendo a dioses ajenos y haciendo lo que el Señor, nuestro Dios, reprueba.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 78,1-2.3-5.8.9
R/. Por el honor de tu nombre, sálvanos, Señor
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas. Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. R/.
Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba. Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado?,¿Va a arder como fuego tu cólera? R/.
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. R/.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre. R/.
Evangelio: Lc 10,13-16
Lectura del santo evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, dijo Jesús: «¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, ¡Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que, en ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza.
Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Quien a ustedes los escucha a mí me escucha; quien a ustedes los rechaza a mí me rechaza y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.»
Palabra del Señor
“Quien a ustedes los escucha a mí me escucha” (Lc 10, 13-16)
Santa Teresa del Niño Jesús, o Santa Teresita de Lisieux, como la conocemos normalmente, es, junto con san Francisco de Javier, Patrona de las Misiones. Y es de su mano que comenzamos este mes de las misiones tan especial para nosotros.
Pero, ¿cómo es posible que una monja de clausura sea patrona de las misiones? Precisamente porque la misión nace de la oración, del encuentro personal y cotidiano con Jesús.
No sería posible salir de nuestra tierra y de nuestras actividades habituales a la misión si no estuviéramos en oración contemplando al Señor de nuestras vidas.
Es por eso por lo que al comenzar nuestro mes misionero, nos ponemos en la presencia del Señor y preguntamos: Señor, ¿qué puedo hacer para estar más atento en mi oración diaria? ¿cómo puedo vivir más unido a ti?
El Evangelio de hoy nos llama a la humildad de reconocer la bondad de Dios en nuestra vida sin creernos que somos la gran cosa porque Dios nos ha dado algún don… Eso nos haría mucho daño porque nos estaríamos poniendo en un lugar que no nos corresponde. Y por otra parte, nos envía como mensajeros suyos: “quien a ustedes los escucha a mí me escucha; quien a ustedes los rechaza a mí me rechaza y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado”.
Somos llamados a ser voceros del Reino, somos enviados a que a través de nosotros se escuche al Señor, pero sin perder nunca de vista a santa Teresita: siempre en oración, en contemplación; para que sea el Espíritu Santo quien ponga en nuestros labios sus palabras.
(Guía mensual)
“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍