LA PALABRA CADA DÍA
II Semana de PASCUA
“Pongamos todo lo que somos en manos de Dios y Él se encargará de lo demás”
Color: BLANCO
Viernes, 29 de abril del 2022
Memoria Obligatoria: Santa Catalina de Siena, Virgen y Doctora de la Iglesia
Primera Lectura: Hc 5, 34-42
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles
En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Consejo, mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo: «Israelitas, piensen bien lo que van a hacer con esos hombres. No hace mucho salió un tal Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada.
Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron a todos sus secuaces.
En el caso presente, mi consejo es éste: no se metan con esos hombres; suéltenlos. Si su idea y su acción son cosa de hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de Dios, no lograrán dispersarlos, y se expondrían a luchar contra Dios».
Le dieron la razón y, llamaron a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Los apóstoles salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 26,1.4.13-14
R/. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R/.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. R/.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R/.
Evangelio: Jn 6, 1-15
Lectura del Santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
Jesús dijo: «Digan a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo».
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
Palabra del Señor
“Pongamos todo lo que somos en manos de Dios y Él se encargará de lo demás”
En la primera lectura (Hc 5, 34-42) que hemos escuchado a través de las palabras del judío Gamaliel, recibimos una gran enseñanza: la necesidad del discernimiento en nuestras vidas. El cristiano no puede tomar decisiones movidas por las pasiones o por la rapidez del momento; necesitamos consultar y orar nuestras decisiones, por pequeñas que parezcan. Este sabio consejo nos viene bien a todos, desde el estado particular de vida que cada uno vive. Cuando tomamos decisiones precipitadas, corremos el riesgo de ir contra la obra de Dios en nosotros, en nuestras familias y en nuestras comunidades particulares.
En el evangelio contemplamos la manifestación de Jesús, así como su llamada a que cada uno de nosotros nos abramos las necesidades de los demás; Jesús se preocupa de las personas en su totalidad, siente sus necesidades y no permanece indiferente. Esto es posible cuando vivimos inmersos en un continuo discernimiento, es fruto de la resurrección el que cada uno se preocupe de las necesidades de los demás. Estoy llamado a poner lo poco o lo mucho que tengo al servicio del proyecto del Reino, el Señor se encarga de repartir y dar a cada uno lo que le hace falta.
Pidamos hoy al Señor que nos dé la valentía de colocar lo que tenemos en sus manos, para que Él lo bendiga y lo reparta. En sus manos nuestra pequeñez se multiplica, llega a todos, produce en abundancia que desborda hasta recoger lo que ha quedado. Dios no se deja ganar en generosidad, confiemos en Él, pongamos todo lo que somos en manos de Dios y Él se encargará de lo demás.
(Guía Mensual)
“Anuncien a todos la alegría del Resucitado. Aleluya, aleluya” ✍