Santo Domingo.- La producción agrícola en invernaderos en la República Dominicana enfrenta una de sus peores crisis en años; una persistente plaga de trips ha provocado la reducción de más del 50% de las cosechas en varias zonas, afectando especialmente cultivos de pimiento morrón, pepino y tomate.
En el municipio de Rancho Arriba, provincia San José de Ocoa, productores describen el panorama como devastador. La plaga, presente desde hace años, ha intensificado su impacto sin que hasta el momento exista un control efectivo.
“Es despiadada, ataca toda la plantación”, relata Johnny Joga, dirigente de la Asociación de Productores de Invernaderos y Campo Abierto de la zona.
Daños visibles desde la flor hasta el fruto
Los efectos del insecto son evidentes a simple vista. Las flores presentan rayas oscuras, señal clara de infestación, mientras que los frutos crecen deformes, perdiendo automáticamente su valor para exportación.
El problema no se limita a lo estético. El ataque constante provoca estrés en las plantas, obligando a los productores a incrementar el uso de químicos. Mientras en condiciones normales se fumiga cada diez días, ahora deben hacerlo hasta tres veces por semana, elevando significativamente los costos.
“Ese fruto ya no sirve para exportación, viene dañado desde la flor”, explica un productor al mostrar piezas afectadas antes incluso de iniciar la cosecha.
Producción en caída y costos en alza
Las cifras reflejan el deterioro. Años atrás, una hectárea podía generar entre 400 mil y 500 mil libras de pimiento. Hoy, en el mismo espacio, apenas se alcanzan entre 80 mil y 120 mil libras, en el mejor de los casos.
El impacto económico es igual de alarmante. Productores aseguran que, si generan ingresos de 10 millones de pesos, deben gastar entre 8 y 9 millones en insumos, mano de obra y control de la plaga.
“El negocio hoy no es rentable”, afirma Octaviano Mejía Macea (Felín), presidente de la asociación local. Su testimonio resume la desesperación del sector:
Un sector endeudado y en riesgo
El cultivo en invernaderos representa una parte clave de la agricultura nacional. Según datos oficiales, el país cuenta con 10.5 millones de metros cuadrados dedicados a esta modalidad, de los cuales aproximadamente un tercio se concentra en Rancho Arriba.
Gran parte de esta infraestructura ha sido financiada por el estatal Banco Agrícola, que ha otorgado más de 1,300 millones de pesos en préstamos solo en esa zona. Sin embargo, la caída en la productividad ha generado atrasos generalizados en los pagos.
“Aquí todo el mundo tiene atraso con el banco”, admiten productores, quienes señalan que la única razón por la que continúan operando es la flexibilidad crediticia.
El origen y la amenaza persistente
La expansión del trips se remonta a años anteriores, en un contexto marcado por crisis fitosanitarias como la mosca del Mediterráneo, que afectó las exportaciones entre 2015 y 2017. Tras ese periodo, los agricultores aseguran que la plaga encontró condiciones ideales para proliferar.
De acuerdo con estudios especializados, estos insectos de menos de dos milímetros se alimentan de los tejidos vegetales, causando manchas, deformaciones y debilitamiento general de las plantas, lo que reduce drásticamente su rendimiento.
Un futuro incierto
Hoy, muchos productores se ven obligados a arrancar plantaciones completas antes de cosechar, ante la imposibilidad de recuperar la inversión. Otros aseguran que venderían sus operaciones incluso por debajo de su valor, pero no encuentran compradores.
El llamado del sector es urgente: advierten que, sin soluciones efectivas como la introducción de insectos benéficos para el control biológico, la producción en invernaderos podría colapsar.
- “La plaga no se detiene. O encontramos una solución, o dejamos de producir”, concluyen, en medio de una crisis que amenaza no solo sus ingresos, sino la estabilidad de toda una cadena agrícola nacional.