LA PALABRA CADA DÍA
XV Semana. Tiempo Ordinario
“Nuestra alma está inquieta hasta que descansa en Dios, quien es fuente de amor y consuelo”
Lunes, 22 de julio del 2024
Color: BLANCO
Primera Lectura: Cant 20, 1.11-18
Lectura del Libro del Cantar de los Cantares 3, 1-4ª
Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: “¿Viste al amor de mi alma?” Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 62, 2.3-4.5-6.8-9
R/. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.
¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R/.
Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R/.
Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R/.
Evangelio: Jn 20, 1.11-18
Lectura del Santo Evangelio según San Juan
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice: «¡María!» Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes”.
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor
“Nuestra alma está inquieta hasta que descansa en Dios, quien es fuente de amor y consuelo”
El Cantar de los Cantares, con su lírica belleza, nos introduce en el misterio profundo del amor divino, presentado a través de la alegoría del amor humano. Este libro bíblico nos invita a contemplar cómo el amor de Dios busca al alma, anhelando una unión íntima y personal con cada uno de nosotros, similar a la búsqueda apasionada de los amantes.
En el corazón de esta búsqueda divina, encontramos a María Magdalena, protagonista de una historia de amor redentor en el Evangelio según San Juan. Su experiencia en el jardín, al amanecer de la Resurrección, refleja la intensidad emocional del Cantar de los Cantares: una búsqueda desesperada que culmina en un encuentro transformador. María busca a Jesús con un corazón lleno de amor y desolación, no hallando reposo hasta no encontrarse cara a cara con su Señor. La escena en el jardín se convierte en un encuentro nupcial, donde Jesús, el amado, se revela a María, la buscadora, llamándola por su nombre.
María Magdalena, en su encuentro con el Resucitado, nos muestra que el amor de Dios por nosotros es personal y transformador. Jesús la llama por su nombre, revelando que cada uno de nosotros es conocido y amado íntimamente por Dios. Este encuentro no solo cambia a María, sino que la envía a compartir la buena noticia de la Resurrección, convirtiéndola en apóstol de los apóstoles.
El Salmo 62 profundiza este anhelo del alma por Dios, expresando un deseo profundo y sediento por la presencia divina. Al igual que María Magdalena, el salmista busca a Dios desde la profundidad de su ser, encontrando en Él su fuerza y su refugio. Este salmo nos enseña que nuestra alma está inquieta hasta que descansa en Dios, quien es fuente de amor y consuelo.
Estamos invitados a reflexionar sobre nuestra propia búsqueda de Dios. ¿Buscamos a Jesús con la misma pasión y persistencia que María Magdalena? ¿Estamos abiertos a ser transformados por nuestro encuentro con Él? Que el ejemplo de María Magdalena nos inspire a buscar a Jesús con todo nuestro corazón, sabiendo que Él ya nos ha encontrado, nos llama por nuestro nombre, y nos espera con un amor que restaura y da vida. En el amor divino, encontramos nuestro verdadero hogar, nuestro refugio y nuestra paz.
(Guía Litúrgica)
“Que la gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor y la fuerza del Espíritu Santo inunden la vida de cada uno de nosotros”✍