LA PALABRA CADA DÍA
XXVII Semana. Tiempo Ordinario
“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa… solo Dios basta”
Miércoles, 15 de octubre del 2025
Color: BLANCO
Primera lectura: Rom 2,1-11
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos
Tú, el que seas, que te eriges en juez, no tienes disculpa; al dar sentencia contra el otro te condenas tú mismo, porque tú, el juez, te portas igual. Todos admitimos que Dios condena con derecho a los que obran mal, a los que obran de esa manera. Y tú, que juzgas a los que hacen eso, mientras tú haces lo mismo, ¿te figuras que vas a escapar de la sentencia de Dios? ¿O es que desprecias el tesoro de su bondad, tolerancia y paciencia, al no reconocer que esa bondad es para empujarte a la conversión?
Con la dureza de tu corazón impenitente te estás almacenando castigos para el día del castigo, cuando se revelará el justo juicio de Dios, pagando a cada uno según sus obras. A los que han perseverado en hacer el bien, porque buscaban contemplar su gloria y superar la muerte, les dará vida eterna; a los porfiados que se rebelan contra la verdad y se rinden a la injusticia, les dará un castigo implacable. Pena y angustia tocarán a todo malhechor, primero al judío, pero también al griego; en cambio, gloria, honor y paz a todo el que obre el bien, primero al judío, pero también al griego; porque Dios no tiene favoritismos.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 61,2-3.6-7.9
R/. Tú, Señor, pagas a cada uno según sus obras
Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré. R/.
Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré. R/.
Pueblo suyo, confíen en él, desahoguen ante él su corazón, que Dios es nuestro refugio. R/.
Evangelio: Lc 11,42-46
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasan por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, que les encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de ustedes, que son como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!»
Un maestro de la Ley intervino y le dijo: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros». Jesús replicó: «¡Ay de ustedes también, maestros de la Ley, que abruman a la gente con cargas insoportables, mientras ustedes no las tocan ni con un dedo!».
Palabra del Señor
“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa… solo Dios basta”
Hoy la liturgia nos regala unas lecturas que iluminan nuestro camino de fe, y al celebrar la memoria de Santa Teresa de Jesús encontramos en su testimonio de vida fuerza para la misión.
En la primera lectura, Pablo explica que también los judíos, como los paganos, hacen el mal. Él destaca, la facilidad con la que los judíos acusan de inmoralidad a los paganos, congratulándose en la convicción de ser mejores que los demás gracias a su observancia total de la ley. No basta creer con la boca: es preciso vivir en la fe. El juicio será sobre el amor.
Pablo denuncia el pecado de la dureza de corazón y la obstinación de un pueblo que cree ser el único que merece la salvación. Es el comienzo de un tiempo en el que todos deben someterse a la paciencia de Dios. Solo Dios es el juez de las personas: todos estamos sometidos a su juicio, nadie está excluido. La arrogancia de sentirse poseedores y defensores de la verdad pueden llevar al desprecio de Dios.
El texto del Evangelio de Lucas advierte a la comunidad cristiana de ayer y de hoy contra las tentaciones del legalismo, del formalismo. Ofrecer una ofrenda sin una implicación personal en un camino de conversión puede convertirse en la excusa para descuidar los preceptos fundamentales, como la justicia y el amor de Dios.
La otra denuncia está puesta por Jesús contra la tendencia a procurar honores. La insistente preocupación por aparentar es el resultado de una corrupción interior que hace al hombre semejante a un sepulcro. Las palabras de Jesús frustran no solo a los fariseos sino también a los doctores de la ley. También para ellos Jesús tiene una dura recriminación, en particular contra su praxis de cargar sobre los hermanos el peso insoportable de observancias en las que ellos, sin embargo, no se implican personalmente, revelando así la profunda incoherencia entre sus enseñanzas y su vida.
La cuestión se pone sobre todo en el ámbito de la discriminación entre lo puro y lo impuro, en términos de interno y externo, de normas impuestas a los demás y no practicadas por quien las impone. En el relato evangélico de Lucas la respuesta de Jesús es clara: Dios ha hecho lo interior y lo exterior, todo es obra de sus manos, por lo que todo es puro (cf. He 10,15; Mc 7,15).
Lucas utiliza una fórmula llena de significado para expresar la apertura universal de la salvación ofrecida por Dios en Jesús y en la misión de su Iglesia: ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Para ser puros hay que vivir la caridad. En el reino de Dios lo que regula las relaciones entre las personas es la benevolencia de Dios.
Al discípulo misionero se le pide darse totalmente a Jesús, ofrecerse íntegramente, en alma y cuerpo, dentro y fuera, corazón y afectos, relaciones y normas, todo por la causa de la salvación de todos en la misión.
Santa Teresa de Jesús comprendió esto profundamente. Ella fue una mujer apasionada por Cristo y por su Iglesia. Su vida de oración no la encerró en sí misma, sino que la impulsó a una gran obra reformadora y misionera: renovar la vida de los conventos para que fuesen lugares de auténtico encuentro con Dios, de donde brotara la fuerza para la evangelización. Ella decía que la oración verdadera nos lleva a las obras, porque quien se encuentra con Cristo no puede guardárselo solo para sí. En su vida, la contemplación y la misión fueron inseparables.
Hoy, a la luz de estas lecturas y de su testimonio, podemos preguntarnos:
• ¿Cómo vivo mi misión en el mundo: desde la autosuficiencia o desde la sencillez de un corazón que se deja guiar por Dios?
• ¿Soy capaz de anunciar a otros la esperanza y el descanso que yo mismo encuentro en Cristo?
• ¿Mi oración personal me impulsa a salir al encuentro de los hermanos, como Santa Teresa, o se queda en un refugio cómodo y estéril?
Pidamos al Señor, por intercesión de Santa Teresa de Jesús, que nos conceda un corazón sabio y humilde, capaz de descansar en Cristo y de llevar ese descanso a los demás. Que nuestra misión sea siempre fruto de la amistad con Dios y de la certeza de que, como decía Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa… solo Dios basta”. Así sea.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13)✍