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“Nada podrá contra nosotros si estamos con Cristo” (Jn 6,16-21)

LA PALABRA DIARIA

Sábado, II Semana de PASCUA

Color: BLANCO

17 de abril de 2021

Primera Lectura: Hc 6,1-7
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.
Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escojan a siete de ustedes, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Simón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 32,1-2.4-5.18-19
R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
Aclamen, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Den gracias al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R/.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Evangelio: Jn 6,16-21
Lectura del santo evangelio según san Juan

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.
Pero él les dijo: «Soy yo, no teman». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio adonde iban.

Palabra del Señor


“Nada podrá contra nosotros si estamos con Cristo” (Jn 6,16-21)

El número creciente de los discípulos indica que la obra del reino de Dios, a través de la comunidad cristiana primitiva, fue muy exitosa. Había una organización que dejaba saber cuántos eran y quiénes ejercían los principales ministerios. Se juntaban en lugares y tiempos específicos. Dinero y bienes eran colectados y distribuidos a los que tenían necesidad. Al aumentar el número de los hermanos, comenzaron a aparecer los problemas. Uno de esos es el que trata hoy la primera lectura.
Los hermanos de lengua griega se quejaron porque decían que sus viudas no eran bien atendidas en la asistencia material. Los apóstoles respondieron: “No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración” y explicaron que debían permanecer fieles a su llamado principal, que era la oración y el ministerio de la palabra. Era injusto para ellos gastar su tiempo administrando las necesidades prácticas de las viudas.
Sin embargo, los apóstoles (los doce) consiguieron con mucha comunicación y aporte de la gente, una salida armoniosa a la situación: “Busquen, pues, hermanos, de entre ustedes”. Aún les pidieron, especialmente a aquellos que se sentían agraviados, que sugirieran hombres de buen carácter para hacer este trabajo.
Esta fue una manera maravillosa para resolver el problema, no echaron fuera a los que se habían quejado, ni se dividieron en dos congregaciones, ni pusieron las personas descontentas a un lado. La iglesia primitiva tomó su responsabilidad de ayudar a las viudas seriamente porque no tenían más apoyo; pero también esperaban que estas viudas sirvieran fielmente a la iglesia (1 Timoteo 5,3-16). Fue así como surgieron los primeros diáconos, siete hombres prudentes que se dedicaron a la administración de las necesidades de la comunidad.
En el Evangelio encontramos a Jesús caminando sobre las aguas. Casi a la mitad del mar, los discípulos ven a Jesús acercándose a su embarcación. Se sienten atemorizados. El drama formado por la difícil navegación durante la noche (vv. 16-17), la tormenta (v. 18) y el temor de los discípulos (v. 19), conforman el ambiente previo a la intervención de Jesús. Una manifestación de la divinidad de Dios, que sigue una forma literaria al estilo del Antiguo Testamento (Gn 15,1; 26,24) con la expresión del éxodo: “Yo soy”.

Estas palabras provocan un cambio en el estado de ánimo. La manifestación del poderío de Dios es tan grande que disipa nuestros miedos, transformándolos en confianza y seguridad. Esto es lo que debíamos sentir estando con Jesús. ¡Qué mejor que estar con Él! ¡Nada podrá contra nosotros si estamos con Cristo!

(Guía Mensual)

“Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu”✍

https://reflexionandolapalabra.com/index.php/oracion/lecturas-diarias

Categorías: Internacionales
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