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“María Magdalena recibe la misión de anunciar la resurrección a los apóstoles” (Jn 20,11-18)

LA PALABRA DIARIA

Jueves de la Octava de Pascua

Color: BLANCO

8 de ABRIL de 2021

Primera Lectura: Hc 3,11-26

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles

En aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, la gente asombrada, acudió corriendo al pórtico llamado de Salomón, donde ellos estaban
Pedro al ver a la gente, les dirigió la palabra: «Israelitas, ¿por qué se admiran de esto? ¿Por qué nos miran como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que ustedes entregaron y de quien renegaron ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.
Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidieron el indulto de un asesino; mataron al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.
Por la fe en su nombre, este, que ven aquí y que conocen, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud, a la vista de ustedes.
Ahora bien, hermanos, sé que lo hicieron por ignorancia, al igual que sus autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.
Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que se borren sus pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que les estaba destinado, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas.
Moisés dijo: “El Señor Dios nuestro hará surgir de entre ustedes hermanos un profeta como yo: escúchenle todo lo que les diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo”. Y, desde Samuel en adelante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días.
Ustedes son los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con sus padres, cuando le dijo a Abrahán: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”. Dios resucitó a su Siervo y se lo envía en primer lugar a ustedes para que les traiga la bendición, si se apartan de sus pecados».

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 8, 2a.5.6-7.8-9
R/. Señor, dueño nuestro, ¡Que admirable es tu nombre en toda la tierra!
¡Señor, dueño nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra!, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? R/.
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies. R/.
Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar. R/.

Evangelio: Lc 24,35-48
Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se presentó en medio de ellos y les dice:
«Paz a ustedes». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Y él les dijo: «¿Por qué se alarman?, ¿por qué surgen dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Pálpenme y dense cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo».
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tienen ahí algo de comer?».
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que les dije mientras estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto».

Palabra del Señor


“Jesús quiere que tengan fe, que tomen conciencia que no están solos” (Lc 24,35-48)

El texto de hoy es continuación del que vimos ayer (Hch 3, 1-10). En el nombre de Jesucristo, Pedro y Juan han curado a un hombre tullido. Luego de su milagrosa curación, el que era tullido camina, salta, entra al templo con Juan y Pedro, no se separa de ellos, y, por supuesto, llama la atención de todos los que desde hacía años se habían acostumbrado a verlo sentado en los umbrales de la puerta 'Hermosa' pidiendo limosna (Hch 3,10).
La reacción que esto ha provocado en la gente hace necesario que Pedro les dirija unas palabras y aprovecha la ocasión para hablarles de Jesús con un lenguaje que puedan comprender, empleando, como lo hizo la mañana de Pentecostés, los argumentos más poderosos: el de la Escritura y el de su propio testimonio. Nunca es tan efectivo lo que decimos como cuando podemos identificarnos con lo que está viviendo la persona a la que nos dirigimos, porque lo hemos vivido también. Pedro lo siente y lo aprovecha, toca una fibra sensible que a él seguramente todavía le duele, y en el dolor y vergüenza que sin duda han de haber ensombrecido su mirada, muchos se han de haber visto reflejados.
Muchas veces el Señor nos pone señales en el camino que no vemos. Cuánto bien nos hacen los 'profetas' que Dios pone a nuestro alrededor: personas que comparten nuestra fe, que conocen nuestra historia y que, con la ayuda del Espíritu Santo -que ha derramado en ellas de modo especial el don de consejo- nos ayudan a ver, a entender lo que Dios está realizando en nuestra vida. El cristiano que quiere crecer en su vida de fe requiere necesariamente de la ayuda de un director espiritual, es decir, de alguien maduro en la fe que lo ayude a descubrir y a responder a lo que Dios le va manifestando cada día.
El evangelista nos relata hoy cómo Jesús intenta quitar el miedo y la pesadumbre a sus seguidores para que sean anunciadores de la Palabra de Dios. Se pone delante de ellos; estos se asustan, se quedan mudos por el estupor y la incredulidad ante lo que están viendo, Jesús les pregunta: ¿Por qué se alarman? ¿Por qué surgen dudas? Soy yo. Jesús quiere que tengan fe, que tomen conciencia que no están solos, los invita a que lo toquen, palpen sus heridas y les pide comida. Come con ellos y les recuerda los momentos vividos para que se cumpliesen las escrituras.
Hoy, al igual que entonces, Jesús quiere que miremos sus heridas, heridas que encontramos en los hermanos más desheredados: los enfermos, los niños maltratados, las mujeres violentadas, los ancianos en soledad, los que viven la falta de libertad…. Sin embargo, seguimos empeñados en buscar un Cristo milagrero, un Cristo al que muchas veces chantajeamos «me concedes y te doy a cambio…» Con este comportamiento estamos lejos de ser testigos, de ser buena noticia, porque para ser portadores de la Palabra de Dios, tenemos que experimentar su amor en nuestra vida, dejarnos llenar de su Espíritu y caminar día a día siendo lámparas y senderos para los hermanos. Como Iglesia éste es el Jesús que debemos experimentar y anunciar.

(Guía Mensual)

“Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu”✍

Categorías: Internacionales
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