LA PALABRA CADA DÍA
XXV Semana. Tiempo Ordinario
“Los cristianos no buscamos hacer alarde de nada, no buscamos brillar ni llamar la atención”
Color: VERDE o ROJO
Lunes, 19 de septiembre del 2022
San Jenaro, Obispo y Mártir
Primera lectura: Prov 3, 27-34
Lectura del Libro de los Proverbios
Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: “Anda, vete; mañana te lo daré.” No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los hombres rectos; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del honrado; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes; otorga honores a los sensatos y reserva baldón para los necios.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 14, 2.3ab.3cd.4ab.5
R/. El justo habitará en tu monte santo, Señor
El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. R/.
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. R/.
El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará. R/.
Evangelio: Lc 8, 16-18
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: “Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escuchan bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”.
Palabra del Señor
“Los cristianos no buscamos hacer alarde de nada, no buscamos brillar ni llamar la atención”
Durante estos días leemos como primera lectura algunos fragmentos de los llamados libros sapienciales, en particular de Proverbios, Eclesiastés y Job. Los sabios, hombres de fe, contemplan a Dios desde la experiencia cotidiana, y desde esta experiencia nos ofrecen sus consejos y orientaciones para la vida práctica. Hoy empezamos a leer el libro de los Proverbios, compuesto por una serie de refranes e instrucciones que nos enseñan el arte del buen vivir, que consiste en el temor de Dios, es decir, en hacer cuanto Él nos sugiere en la vida ordinaria, y en vivir en armonía con los que nos rodean, haciendo cuanto Dios haría por ellos.
Hoy leemos concretamente unos consejos sobre cómo debemos comportarnos con nuestro prójimo. Se nos recomienda en primer lugar estar siempre dispuestos a ofrecer nuestra ayuda a los más necesitados. Sabemos que nuestro amor a Dios, nuestra relación con Él, encuentra su mejor comprobante en el trato que dispensamos a nuestros hermanos, especialmente a los más pobres. El prójimo no es una piedra de tropiezo en mi camino, sino una persona en quien yo puedo encontrar a Dios y una ocasión privilegiada para practicar la misericordia. No existe separación alguna entre el amor a Dios y el amor al prójimo. Quien ama a su hermano, ofreciéndole su ayuda, presentándole el rostro caritativo del Padre, está también amando a su Dios plenamente. Detenernos a escuchar al otro, sin rehuirlo, es la mejor manera de escuchar a Dios. La Palabra de Dios pasa por la palabra de aquellos que claman y buscan mi ayuda.
El evangelio nos recordará que nuestra fe, aquella que recibimos por el anuncio de la Palabra, es luz, y como tal ha de resplandecer en las obras, es decir, ha de traducirse en la práctica de la caridad.
La imagen de la lámpara que arde, empleada por Jesús en el Evangelio de hoy, se refiere a la escucha de la Palabra. Los cristianos no buscamos hacer alarde de nada, no buscamos brillar ni llamar la atención. Pero a nosotros se nos ha entregado el evangelio como luz y lo más natural es que la luz alumbre y se manifieste. Por tanto, la escucha de la Palabra ha de llevarnos a las buenas obras, que brillan y dan luz a los que viven en la oscuridad, los otros, atraídos por el buen olor de nuestras obras, vengan a la luz. Dicho más claramente, las buenas obras son la mejor garantía de haber escuchado bien la Palabra y de haber digerido adecuadamente el mensaje que se nos ha entregado.
Jesús dice que, si dilapidamos aquello que nos ha entregado, la Palabra, porque no la vivimos ni la damos a los demás con nuestro testimonio, nos será quitada, porque no tiene sentido que un tesoro tan grande lo tengamos engavetado, cuando otros lo están necesitando y quizás puedan valorarlo mejor que nosotros.
(Guía Mensual)
“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍