LA PALABRA CADA DÍA
XIX Semana. Tiempo Ordinario
“Lo que Dios ha unido no debe nunca separarse”
Viernes, 18 de agosto del 2023
Color: VERDE
Primera lectura: Jos 19, 3-12
Lectura del Libro de Josué
En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: «Así dice el Señor, Dios de Israel: "Al otro lado del río Éufrates vivieron antaño sus padres, Téraj, padre de Abrahán y de Najor, sirviendo a otros dioses. Tomé a Abrahán, su padre, del otro lado del río, lo conduje por todo el país de Canaán y multipliqué su descendencia dándole a Isaac. A Isaac le di Jacob y Esaú. A Esaú le di en propiedad la montaña de Seír, mientras que Jacob y sus hijos bajaron a Egipto.
Envié a Moisés y Aarón para castigar a Egipto con los portentos que hice, y después los saqué de allí. Saqué de Egipto a sus padres; y llegaron al mar. Los egipcios persiguieron a sus padres con caballería y carros hasta el mar Rojo. Pero gritaron al Señor, y él puso una nube oscura entre ustedes y los egipcios; después desplomó sobre ellos el mar, anegándolos. Sus ojos vieron lo que hice en Egipto.
Después vivieron en el desierto muchos años. Los llevé al país de los amorreos, que vivían en Transjordania; los atacaron, y los entregué. Tomaron posesión de sus tierras, y yo los exterminé ante ustedes.
Entonces Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, atacó a Israel; mandó llamar a Balaán, hijo de Beor, para que los maldijera; pero yo no quise oír a Balaán, que no tuvo más remedio que bendecirlos, y los libré de sus manos. Pasaron el Jordán y llegaron a Jericó. Los jefes de Jericó los atacaron: los amorreos, fereceos, cananeos, hititas, guirgaseos, heveos y jebuseos; pero yo los entregué; sembré el pánico ante ustedes, y expulsaron a los dos reyes amorreos, no con tu espada ni con tu arco. Y les di una tierra por la que no habían sudado, ciudades que no habían construido, y en las que ahora viven, viñedos y olivares que no habían plantado, y de los que ahora comen”.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 135, 1-3.16-18.21-22.24
R/. Den gracias al Señor, porque es bueno
Porque es eterna su misericordia. Den gracias al Dios de los dioses. R/.
Den gracias al Señor de los señores. R/.
Guio por el desierto a su pueblo. R/.
Él hirió a reyes famosos. R/.
Dio muerte a reyes poderosos. R/.
Les dio su tierra en heredad. R/.
En heredad a Israel, su siervo. R/.
Y nos libró de nuestros opresores. R/.
Evangelio: Mt 19, 3-12
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?»
Él les respondió: «¿No han leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?» Él les contestó: «Por lo tercos que son les permitió Moisés divorciarse de sus mujeres; pero, al principio, no era así. Ahora les digo yo que, si uno se divorcia de su mujer –no hablo de impureza– y se casa con otra, comete adulterio”.
Los discípulos le replicaron: «Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse”. Pero él les dijo: «No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el reino de los cielos. El que pueda con esto, que lo haga”.
Palabra del Señor
“Lo que Dios ha unido no debe nunca separarse”
¿Qué pensaría Jesús de todos los que hoy aprueban el divorcio? Como en aquella ocasión, que nos narra el Evangelio, seguro que les ayudaría a entender qué es realmente el matrimonio y luego les enseñaría a defenderlo contra todos los ataques que recibe hoy.
El matrimonio cristiano no es sólo una convivencia entre un hombre y una mujer que se quieren. Es mucho más. Es un sacramento, algo sagrado y querido por el Señor. Es también, compartir un proyecto de vida para lograr la felicidad en esta vida. Pero si no hay proyecto, si no hay amor verdadero, si los hijos son un estorbo y no una alegría… ¿qué tipo de matrimonio nos queda? Seguramente conocerás alguna pareja que haya dejado morir el amor, por la rutina, por no saber que el matrimonio es una experiencia diaria llena de pequeños detalles, gestos: un regalo, una sonrisa, una comida compartida, una oración en familia… ¡Hay tantos medios para que la hoguera del amor matrimonial no se apague!
Lo que Dios ha unido no debe nunca separarse, porque un divorcio, en lugar de traer paz, trae mayor amargura y dolor, destrozando también la felicidad que merecen los hijos. Además, contamos siempre con la ayuda de Dios y de los consejeros que ha puesto a nuestra disposición (un sacerdote, una religiosa, un catequista, otras parejas que nos oriente, movimientos familiares, etc.)
En este pasaje bíblico de Mateo, podemos echar un vistazo a la fuente del amor, que viene de lo alto. En efecto, Dios mismo es la fuente del amor y en su acto creador ordena al hombre y a la mujer (de) dejar padre y madre para convertirse en una sola carne. Es precisamente ahí hacia donde tiende el amor, a una fase de vivir unidos, ser uno. Todo lo que atente contra esta unidad, debe ser rechazado con las armas del amor, la fidelidad, el perdón y la entrega total.
Oración: Te pedimos, Señor, por los matrimonios de nuestro país, para que los vientos contrarios que soplan hoy, no los azoten ni los hagan desmayar en su entrega amorosa y su testimonio ante Dios. Amén.
(Guía Litúrgica)
“El Cristo Resucitado y que vive en la comunidad nos conceda su bendición abundante”✍