LA PALABRA DEL DOMINGO
XXXII Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo B
“¡Lo echó todo!” (Mc 12, 38-44)
Color: VERDE
7 de noviembre de 2021.
Primera Lectura: I Re 17, 10-16
Lectura del Primer libro de los Reyes
En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: —«Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.» Mientras iba a buscarla, le gritó: —«Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»
Respondió ella: —«Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.» Respondió Elías: —«No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra.”»
Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 145,7.8-9a.9bc-10
R/. Alaba, alma mía, al Señor.
Que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R/.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R/.
Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.
Segunda Lectura: Heb 9, 24-28
Lectura de la carta a los Hebreos
Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres —imagen del auténtico—, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces —como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, Cristo tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo—. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, en el momento culminante de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.
El destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, para salvar definitivamente a los que lo esperan.
Palabra de Dios
Evangelio: Mc 12, 38-44
Lectura del santo evangelio según san Marcos
En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: —«¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: —«Les aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Palabra del Señor
“¡Alaba, alma mía, al Señor!” Porque Él abre los ojos al ciego y nos permite ver lo que necesitamos para ser una FAMILIA donde se vivan los valores del Reino.
¡Señor, te alabamos y te bendecimos porque nos sostienes en medio de nuestras tribulaciones! ¡Bendito y alabado seas, Dios nuestro!¡Gracias, Padre, porque nos enviaste a tu hijo en rescate nuestro!
El evangelio de hoy nos presenta dos actitudes de la gente de la época de Jesús: la hipocresía de los escribas y las ofrendas de la gente en el templo.
Jesús juzga con severidad a los escribas, a quienes les encantaba “pasearse” por las plazas y que les hicieran reverencias, que les rindieran honores. Eran lo que hoy podemos decir verdaderos “fantoches”, arrogantes y presumidos a más no poder. Por eso Jesús aseveraba que “éstos recibirán una sentencia más rigurosa”.
Como discípulos de Jesús estamos llamados a ser sencillos, ajenos al deseo de sobresalir y de ser ensalzados. A través de la sencillez y la humildad alcanzaremos la santidad a la que nos llama Dios. Estas cualidades debemos ponerlas al servicio de nuestra propia familia. Si queremos ser los primeros que lo seamos en entrega, servicio y generosidad a los demás.
Pero también el evangelio de hoy nos presenta la observación que hace Jesús ante el dinero que la gente echaba en el arca de las ofrendas. Dar la limosna era considerada una acción agradable a Dios. Todos lo hacían.
Jesús observaba y, le llama la atención, esa pobre y desamparada viuda que echó las únicas dos monedas que tenía. ¡Lo echó todo! No tan solo porque lo había echado todo, sino por la generosidad y el desprendimiento con que lo hizo. Jesús afirma que realmente esa pobre viuda había ofrendado más que nadie porque había dado lo que tenía para vivir. ¡Dar todo lo que tenía para vivir era una muestra de confianza en Dios!
No sólo es dar de lo material. En nuestra parroquia -en la tuya y en la mía- esperan por nuestra colaboración económica para ayudarse a sustentar los gastos. Nuestra colaboración económica es buena y necesaria -aunque no suficiente- Es también dar de mí, de mi tiempo, para acompañar a alguien que pasa por un momento de dificultad; escuchar sin prisa al que tenga algo que contarnos (cónyuge, hijo, hermano, amigo, conocido); poner al servicio de los demás los dones y carismas que el Señor nos ha regalado. Darnos a los demás es entregarnos a servir con generosidad en nuestra comunidad parroquial a través de algún movimiento apostólico o grupo parroquial al que pertenezcamos. Darnos es desgastarnos con sencillez y humildad por hacer crecer el reino de Dios aquí en la tierra, en la comunidad que nos ha tocado vivir… comenzando en nuestra comunidad familiar.
Al Señor que su Espíritu nos ayude a actuar como la viuda pobre del evangelio, y como la otra viuda de Sarepta, para darnos enteramente y por completo a los demás, confiando en la misericordia de Dios. Así también, no olvidemos honrar a nuestro padre y a nuestra madre. Así sea.
(Guía Mensual)
“Que el Dios de la Vida te colme con su alegría y con su paz y te conceda la salud” ✍