LA PALABRA CADA DÍA
VIII Semana. Tiempo Ordinario
“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”
Viernes, 29 de mayo de 2026
Color: VERDE/BLANCO
Primera Lectura: 1Pe 4,7-13
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pedro
Queridos hermanos: El fin de todas las cosas está cercano. Sean, pues, moderados y sobrios, para poder orar. Ante todo, haya mucho amor entre ustedes, porque el amor perdona una multitud de pecados. Ofrézcanse mutuamente hospitalidad, sin protestar.
Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable Palabra de Dios. El que se dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios.
Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Queridos hermanos: No se extrañen de ese fuego abrasador que les pone a prueba, como si les sucediera algo extraordinario. Estén alegres cuando compartan los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, rebosen de gozo.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 95,10.11-12.13
R/. Llega el Señor a regir la tierra
Digan a los pueblos: El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente. R/.
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. R/.
Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R/.
Evangelio: Mc 11,11-26
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos
Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie de ti».
Los discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía, diciendo: «¿No está escrito: “Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos?" Ustedes, en cambio, la han convertido en cueva de bandidos».
Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado».
Jesús contestó: «Tengan fe en Dios. Les aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tírate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso les digo: Cualquier cosa que pidan en la oración, crean que se la han concedido, y la obtendrán. Y cuando se pongan a orar, perdonen lo que tengan contra otros, para que también su Padre del cielo les perdone sus culpas».
Palabra del Señor
“Oremos con la fe de los sencillos y decidamos hoy dejarnos empapar con la Palabra”
La palabra estéril significa que no puede reproducirse por medios naturales o que no da fruto. Hemos sido creados para dar frutos y darlos en abundancia. Sin embargo, la dejadez, la fatiga, el desencanto, la falta de iniciativa, nuestras historias en ocasiones traumáticas, nuestra falta de confianza y fe, el miedo…nos paraliza y nos convertimos en higuera sin frutos. Nos dejamos arrastrar por los atractivos de un mundo muchas veces frio y materialista que nos seduce y aleja de la tierra fértil.
Dar fruto significa, en clave cristiana como lo testimonia la comunidad de San Pedro, en mantenernos conectados en el amor mutuo, en ser hospitalarios sin protestas, en dar y servir a los demás y en poner a producir los tantos dones que Dios nos ha prestado. Dar fruto implica brindarnos al hermano creyendo fielmente que este acto es mandato de Dios-Padre; significa por tanto, ser buenos administradores de los abundantes frutos que el Padre ha depositado en nosotros. Sin embargo, con demasiada frecuencia nos dejamos secar, amargar y arropar por las dudas, por el sufrimiento o por los afanes diarios de la vida. No abonamos nuestra vida con la oración y nos hacemos autosuficientes y un tanto egoístas al pensarnos capaces de vivir sin ayuda. Jesús, sin embargo, está pendiente de nuestra respuesta ante su llamado y, al igual que hace más de dos mil años, sueña con que la higuera – símbolo del pueblo – responda al mensaje de salvación.
No es Jesús quien seca, sino más bien nuestra falta de respuesta al plan salvífico. Somos nosotros que corremos ante las primeras dificultades.
¿Será que Jesús nos llama hoy a revisar nuestras relaciones comunitarias? ¿Necesitamos de mayor esfuerzo para seguir implementando nuestro III Plan de Pastoral? ¿Nos estaremos acomodando a lo que existe y no estamos dando el mayor esfuerzo? ¿Estamos viviendo los momentos de padecimiento junto a Jesucristo? ¿Nos estamos dejando arrastrar por el “fuego abrasador” de las pruebas?
Pues hoy es día de vivir nuestra realidad desde la alegría por lo que tenemos y dando gloria al que todo lo puede. Hoy es día de orar y decir al Rey del orbe que estamos alegres ya que confiamos en que su fuerza nos basta. Oremos con la fe de los sencillos y decidamos hoy dejarnos empapar con la Palabra del Dios que siempre es justo y fiel. ¡Manos a la obra!
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍