LA PALABRA CADA DÍA
XIII Semana. Tiempo Ordinario
“La verdadera liberación y sanación vienen cuando permitimos que Jesús se convierta en el centro de nuestra existencia”
Jueves, 4 de julio del 2024
Color: VERDE o BLANCO
Primera Lectura: Am 7, 10-17
Lectura del Profeta Amós
En aquellos días, Amasías, sacerdote de «Casa-de-Dios», envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: “Morirá a espada Jeroboam. Israel saldrá de su país al destierro”.
Dijo Amasías a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en «Casa-de-Dios», porque es el santuario real, el templo del país.» Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”. Y, ahora, escucha la palabra del Señor: Tú dices: “No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac”. Pues bien, así dice el Señor: “Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro”.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 18, 8.9.10.11
R/. Los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos
La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R/.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R/.
La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R/.
Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila. R/.
Evangelio: Mt 9, 1-8
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados». Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados están perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? Pues, para que vean que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados». dijo, dirigiéndose al paralítico: «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa». Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
Palabra del Señor
“La verdadera liberación y sanación vienen cuando permitimos que Jesús se convierta en el centro de nuestra existencia”
El Evangelio de hoy nos presenta una narrativa que, a primera vista, despierta cierta extrañeza. Un paralítico es llevado ante Jesús, con la esperanza de una curación física. Sin embargo, la respuesta de Jesús, enfocada en el perdón de pecados, sorprende no solo a los presentes, sino que también nos invita a reflexionar sobre nuestras propias expectativas cuando buscamos a Dios.
Esta escena nos revela una verdad profunda: el ser humano enfrenta dos tipos de enfermedades, la física y la espiritual, siendo esta última la más grave porque escapa de la capacidad curativa humana. Jesús, al perdonar los pecados del paralítico, aborda la raíz de su verdadera aflicción, sanando su interior y restituyéndolo ante Dios. Este acto subraya que la misión de Jesús trasciende lo meramente visible, tocando lo más íntimo del ser humano.
El milagro de la cura física que sigue es una demostración del poder divino de Jesús en la tierra, respondiendo a las dudas de los escribas y reafirmando su autoridad para perdonar pecados. Este episodio nos desafía a examinar la profundidad de nuestra fe y las expectativas que cargamos al encontrarnos con lo divino. A menudo, nuestras enfermedades interiores, aquellas barreras que nos impiden vivir plenamente la fe, limitan nuestra capacidad de reconocer la acción de Dios en nuestras vidas.
Este relato es un llamado a la introspección, a identificar aquellas dolencias del espíritu que nos mantienen paralizados, incapaces de avanzar en el camino hacia una conversión genuina. Es un recordatorio que nuestras limitaciones personales no solo nos alejan de la gracia divina, sino que también obstruyen nuestra habilidad para discernir y cumplir la voluntad de Dios.
La verdadera liberación y sanación vienen cuando permitimos que Jesús se convierta en el centro de nuestra existencia, dirigiendo tanto nuestro cuerpo como nuestro espíritu hacia la plenitud de vida que promete. Al abrirnos humilde y plenamente a su gracia, nos preparamos para ser testigos fieles de su Palabra y partícipes de la vida eterna que nos ofrece. EL Evangelio nos invita a dejar que Jesús sane no solo nuestras enfermedades físicas, sino también aquellas heridas del alma que solo Él puede restaurar.
(Guía Litúrgica)
“Que la gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor y la fuerza del Espíritu Santo inunden la vida de cada uno de nosotros”✍