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“La paz les dejo, mi paz les doy”

LA PALABRA CADA DÍA

V Semana de Pascua

“La paz les dejo, mi paz les doy”

Martes, 5 de mayo de 2026

Color: BLANCO

Primera Lectura: Hch 14,19-28
Lectura de los Hechos de los Apóstoles

En aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio y se ganaron a la gente; apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dejándolo por muerto. Entonces lo rodearon los discípulos; él se levantó y volvió a la ciudad. Al día siguiente, salió con Bernabé para Derbe; después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y, exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.
En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Se quedaron allí bastante tiempo con los discípulos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 144,10-11.12-13ab.21

R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R/.
Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad. R/.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor, todo viviente bendiga su santo nombre por siempre jamás. R/.

Evangelio: Jn 14,27-31a
Lectura del Santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble su corazón ni se acobarde. Me han oído decir: Me voy y vuelvo a su lado. Si me amaran, se alegrarían que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, sigan creyendo. Ya no hablaré mucho con ustedes, pues se acerca el Príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago».

Palabra del Señor


“La paz les dejo, mi paz les doy”

La primera lectura presenta un episodio impactante de los viajes misioneros de Pablo y Bernabé en la antigua Grecia, destacando su firmeza en medio de la persecución. Tras ser apedreado en Listra y dado por muerto, Pablo se levanta y regresa a la ciudad, no con ánimo de venganza, sino para animar y fortalecer la fe de los discípulos. Este gesto revela una valentía profundamente arraigada en la confianza en Dios y en la misión recibida.
Lejos de detenerse ante la adversidad, ambos continúan su camino por otras ciudades, anunciando el Evangelio y formando comunidades cristianas. Su acción misionera no solo implica predicar, sino también consolidar la fe de los creyentes, organizando las Iglesias nacientes y acompañándolas en su crecimiento. Al regresar a Antioquía, comparten con la comunidad todo lo que Dios había realizado por medio de ellos, subrayando un hecho trascendental: la apertura de la fe a los gentiles. Así, esta lectura se convierte en una invitación clara a perseverar en la vida cristiana, confiando en que, incluso en medio de las pruebas, Dios sostiene y guía cada paso de quienes responden a su llamado.
El Evangelio nos sitúa en un momento íntimo y decisivo: Jesucristo se despide de sus discípulos antes de su pasión. En este contexto de incertidumbre, les ofrece un don incomparable: su paz. “La paz les dejo, mi paz les doy; no como la da el mundo”. Esta paz no depende de circunstancias externas, sino que brota de una relación viva con Dios, capaz de sostener el corazón incluso en medio del sufrimiento.
Jesús también promete el envío del Espíritu Santo, quien acompañará, enseñará y fortalecerá a sus seguidores. De este modo, asegura que no estarán solos, sino guiados constantemente por la presencia divina. Finalmente, subraya una verdad esencial: el amor auténtico se manifiesta en la obediencia. “Si me aman, guarden mis mandamientos”. Amar a Cristo implica acoger su palabra y vivir conforme a ella, incluso cuando exige renuncia o sacrificio.
En conjunto, ambas lecturas nos invitan a vivir una fe perseverante, confiada y comprometida, sostenida por la paz de Cristo y la acción del Espíritu, que nos capacita para cumplir la voluntad de Dios en toda circunstancia.

Oración: Señor Jesús, gracias por acompañarnos en todos los momentos de nuestras vidas, por sostenernos y mostrarnos tu amor y cuidado. Ayúdanos a obedecer a Dios como Padre bueno y sus mandamientos que nos animan a vivir una verdadera vida de cristianos y un compromiso con los hermanos. Amén.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

Categorías: Nacionales
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