LA PALABRA CADA DOMINGO
II Domingo del Tiempo de Navidad
Domingo, 4 de enero del 2026
Color: BLANCO
Primera Lectura: Ecl 24,1-4.12-16
Lectura del Libro del Eclesiástico
La sabiduría hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades. En medio de su pueblo será ensalzada, y admirada en la congregación plena de los santos; recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos y será bendita entre los benditos.
Entonces el Creador del universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: Habita en Jacob, sea Israel tu heredad. Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás. En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar en Jerusalén reside mi poder. Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 147,12-13.14-15.19-20
R/. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros
Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.
Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz. R/.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. R/.
Segunda Lectura: Ef 1,3-6.15-18
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.
Por eso yo, que he oído hablar de su fe en el Señor Jesús y de su amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por ustedes, recordándolos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de su corazón, para que comprendan cuál es la esperanza a la que los llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.
Palabra de Dios
Evangelio: Jn 1,1-18
Lectura del Santo Evangelio según San Juan
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: Este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor
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“Que se iluminen los ojos del corazón para comprender la esperanza a la que hemos sido llamados”
La Palabra de este domingo nos invita a contemplar la sabiduría de Dios que se manifiesta en medio de su pueblo y, al mismo tiempo, quiere habitar en la vida de cada bautizado. En la Biblia, la sabiduría no es solo saber muchas cosas; es un don de Dios que enseña a vivir bien, a discernir el bien del mal, a elegir caminos que conducen a la vida y a la comunión con Él. Es la inteligencia del corazón que aprende a mirar la realidad con los ojos de Dios y a responder con amor. Así, desde el inicio de este año 2026, se nos recuerda que somos un pueblo llamado a vivir la santidad y a experimentar, desde el bautismo, la fuerza de su caminar guiados por esa sabiduría.
Cuando el Eclesiástico presenta a la Sabiduría que hace su elogio y fija su morada entre el pueblo, expresa que Dios no quiere permanecer lejano, sino acampar en medio de la historia concreta de su gente. La Sabiduría echa raíces en un pueblo elegido, lo acompaña, lo corrige y lo sostiene. Esta imagen se cumple plenamente en la Palabra que se hace carne en Jesucristo y en la presencia del Espíritu Santo que se derrama sobre la Iglesia. Por eso, cada comunidad, cada parroquia y cada familia puede reconocerse como lugar donde Dios quiere habitar, iluminar decisiones y fortalecer la esperanza.
San Pablo, en la carta a los Efesios, proclama que Dios nos ha bendecido con bienes espirituales y que nos ha elegido en Cristo para ser santos e irreprochables por el amor. Esa elección es fruto de una sabiduría que nos supera y nos mira desde la eternidad: antes de que el mundo existiera, Dios ya pensaba en nosotros, ya preparaba un camino de gracia y de herencia para sus hijos. El apóstol pide que se iluminen los ojos del corazón para comprender la esperanza a la que hemos sido llamados. Esa es la sabiduría que necesitamos hoy: una mirada nueva, capaz de descubrir a Dios actuando en lo pequeño y de releer la propia vida como historia de salvación.
El Evangelio de Juan nos lleva al corazón del misterio: la Palabra, que estaba junto a Dios y era Dios, se hizo carne y acampó entre nosotros. En Jesús, la sabiduría eterna se hace rostro, voz y gesto cercano. Su luz brilla en las tinieblas y ofrece a todos el don de llegar a ser hijos de Dios. Recibir esta Palabra es abrirse a una forma nueva de pensar y vivir, dejar que el Espíritu Santo venga sobre nosotros y nos enseñe, paso a paso, a elegir lo que construye, une y salva.
Al comenzar el 2026, Bautismo y sinodalidad, camino de santidad, significa justamente caminar juntos bajo la luz de esta sabiduría de Dios. Que en la vida diaria —en las decisiones familiares, en el trabajo, en la comunidad parroquial— nos dejemos guiar por la Palabra, aprendiendo a escuchar, a discernir y a actuar movidos por el Espíritu. Así, nuestro pueblo será signo vivo de la presencia de Dios y la sabiduría divina echará raíces cada vez más profundas en la República Dominicana.
(Guía Mensual)
“La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”✍