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LA PALABRA DIARIA : “PERDONAR ES AMAR” (Mt 18, 21-35)

LA PALABRA DIARIA

XXIV Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A


“PERDONAR ES AMAR” (Mt 18, 21-35)
Color: VERDE

13 de septiembre de 2020

Primera Lectura: Eclo 27, 30-28, 9
Lectura del libro del Eclesiástico
El furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 102,1-2.3-4.9-10.11-12

R/. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R/.

No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.
Segunda Lectura: Rom 14,7-9

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Palabra de Dios

Aleluya Jn 13,34

Les doy un mandamiento nuevo-dice el Señor-, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.

Evangelio: Mt 18, 21-35

Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola: «Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con ustedes mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra del Señor


“PERDONAR ES AMAR” (Mt 18, 21-35)
Por P. Wilkin Castillo
Buenas a todos, deseándoles un hermoso y bendecido domingo. Seguimos en este proceso exigente, pero a la vez apremiante de iluminar nuestro diario vivir por medio de la palabra de Dios, palabra revelada y ofrecida al pueblo usando como canal al mismo hombre, quien con su apertura a Dios y su disponibilidad con relación a los hermanos construye una comunicación idónea, efectiva y provechosa entre Dios y la humanidad.
La reflexión en cuestión gira en torno al valor y al tesoro de saber perdonar. Quien no es capaz de amar, mucho menos es capaz de perdonar, perdona mucho quien ama mucho. Cuando perdonamos a otros estamos cerca de Dios. El que perdona experimenta la alegría de perdonar y el perdonado la alegría de ser perdonado. No perdonar es creernos dueño de nosotros mismo y pensar que no somos propiedad de Dios. Es más dañino para el que no perdona que para el que no es perdonado. Aquel que no perdona anda cargado en la vida y esto compromete parte de su tranquilidad y sosiego.
Nos dirá el evangelio: “En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Perdonar hasta setenta veces siete no es más ni menos que hacer las veces de Dios, esto significa estar dispuesto a perdonar siempre, perdonar siempre es una gracia no una simple opción no un mero esfuerzo humano, es más que eso.
Dijo Jesús: “Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así”. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.” Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
No fue capaz de pagar con la misma moneda con la que a él le pagaron, la moneda del amor y de la compasión, aquí cabe la frase popular que dice: “El mono aunque se vista de seda sigue siendo mono”. Cito una frase de la primera lectura: “¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?” Aquí hay una gran incoherencia y una deshonestidad en grado sumo, pues bien dice la frase del evangelio: “si vas a ofrecer tu ofrenda y te acuerdas que estas en enemistad con tu hermano, dejas tu ofrenda sobre el altar, reconcíliate y ven luego a presentar tu ofrenda”.
Finalmente, el Salmo: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia”. Si nos apropiarnos de esta frase, les aseguro que muchas cosas que sufrimos no la sufriéramos y nos evitaríamos ciertos disgustos que casi siempre son innecesarios y nos provocan un estado emocional adverso. Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo.

Que la bendición de Dios sobreabunde en nuestras vidas✍️

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