LA PALABRA CADA DÍA
II Semana. Tiempo Ordinario. Año II
“No está en sus cabales”
Sábado, 24 de enero del 2026
Color: BLANCO
Primera lectura: I Sam 1,1-4.11-12.19.23-27
Lectura del Segundo libro de Samuel
En aquellos días, al volver de la victoria sobre los amalecitas, David se detuvo dos días en Siquelag. Al tercer día, llegó un hombre del campamento de Saúl, con la ropa hecha jirones y la cabeza cubierta de polvo. Cuando se presentó ante David, cayó con el rostro en tierra y se postró. «¿De dónde vienes?», le preguntó David. Él le respondió: «Me he escapado del campamento de Israel.» David añadió: «¿Qué ha sucedido? Cuéntame todo.» Entonces él dijo: «La tropa huyó del campo de batalla y muchos del pueblo cayeron en el combate; también murieron Saúl y su hijo Jonatán.» Entonces David rasgó sus vestiduras, y lo mismo hicieron todos los hombres que estaban con él. Se lamentaron, lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl, por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, porque habían caído al filo de la espada. «¡Tu esplendor ha sucumbido, Israel, en las alturas de tus montañas! ¡Cómo han caído los héroes! ¡Saúl y Jonatán, amigos tan queridos, inseparables en la vida y en la muerte! Eran más veloces que águilas, más fuertes que leones. Hijas de Israel, lloren por Saúl, el que las vestía de púrpura y de joyas y les prendía alhajas de oro en los vestidos. ¡Cómo han caído los héroes en medio del combate! ¡Ha sucumbido Jonatán en lo alto de tus montañas! ¡Cuánto dolor siento por ti, Jonatán, hermano mío muy querido! Tu amistad era para mí más maravillosa que el amor de las mujeres. ¡Cómo han caído los héroes, cómo han perecido las armas del combate!»
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 79,2-3.5-7
R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve
Escucha, Pastor de Israel, tú que guías a José como a un rebaño; tú que tienes el trono sobre los querubines, resplandece ante Efraím, Benjamín y Manasés. R/.
Despierta tu poder y ven a salvarnos. Señor de los ejércitos, ¿hasta cuándo durará tu enojo, a pesar de las súplicas de tu pueblo? R/.
Les diste de comer un pan de lágrimas, les hiciste beber lágrimas a raudales; nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos, y nuestros enemigos se burlan de nosotros. R/.
Evangelio: Mc 3,20-21
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos
Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.
Palabra del Señor
“No está en sus cabales”
Jesús regresa a casa y la gente se agolpa tanto que ni siquiera pueden comer. Sus parientes, al enterarse, piensan que “no está en sus cabales”. No comprenden cómo puede entregarse tanto, sin reservarse tiempo ni fuerzas, viviendo totalmente orientado al Padre y a las personas heridas que lo buscan. A ojos humanos, parece exageración; a los ojos de la fe, es la lógica del amor que no se guarda nada.
Algo similar sucede hoy cuando alguien toma en serio el Evangelio: sirve más, perdona de verdad, se compromete en su comunidad, revisa su estilo de vida. A veces recibe incomprensión, burlas o críticas, incluso de gente cercana. Sin embargo, por el bautismo el Espíritu Santo nos ha unido a Cristo para vivir justamente así: como pueblo que experimenta, en la entrega, la fuerza de su caminar.
El salmo recoge el clamor de un pueblo que atraviesa dificultades, lágrimas y desprecios. En medio del dolor, se eleva una súplica confiada: “Despierta tu poder y ven a salvarnos; que brille tu rostro y nos salve”. No es resignación, sino esperanza activa: se presenta a Dios la realidad tal cual es, creyendo que Él escucha y acompaña. Esa es también la oración del corazón dominicano cuando mira su historia y pide luz, justicia y paz.
La primera lectura nos muestra a David recibiendo la noticia de la muerte de Saúl y Jonatán. Podría alegrarse por la caída de quien lo persiguió, pero en lugar de eso llora, honra su memoria y reconoce el bien que Dios hizo a través de ellos. Es una manera profundamente santa de vivir el dolor: sin negar la herida, pero sin dejar que el odio tome el control.
Para este día, la invitación es concreta: dejar que el Espíritu Santo venga sobre ti para darte un corazón capaz de amar como Jesús, de orar con confianza en medio de las lágrimas, y de atravesar los conflictos sin revancha, como David. Así, juntos, como pueblo bautizado, podremos caminar hacia la santidad aun cuando otros no entiendan del todo nuestro modo de vivir y servir.
Palabra del Señor
“No los elige por su perfección, sino por su disponibilidad”
San Francisco de Asís decía: “Allí donde hay misericordia y discernimiento, allí no hay lugar para la ira ni la confusión.” Sus palabras iluminan la escena en la cueva donde David, teniendo la oportunidad de destruir a quien lo perseguía, elige un camino distinto. En lugar de responder al mal con más mal, deja que sea Dios quien juzgue y defienda su causa. Su gesto no nace de debilidad, sino de una fuerza interior que solo brota de un corazón que confía. Esa confianza es fruto del Espíritu, que guía a quienes han aprendido a escuchar con humildad.
David se convierte así en imagen de la santidad a la que estamos llamados como pueblo bautizado: una santidad que no se impone por la fuerza, sino que actúa con mansedumbre; que no reacciona desde el temor, sino desde la libertad de quien sabe que su vida está en manos de Dios. En su respuesta serena, Saúl descubre algo que ninguna espada habría logrado: la verdad de un corazón bueno. La misericordia transforma donde la violencia solo destruye.
En esa misma clave se eleva la oración que busca refugio “a la sombra de las alas de Dios”. Quien aprende a habitar allí, aun en medio de conflictos o amenazas, encuentra la calma necesaria para no dejarse arrastrar por impulsos que hieren. La fidelidad de Dios sustenta, su gracia sostiene, su misericordia abre caminos cuando el nuestro parece estrecho. Así nace la capacidad de actuar con rectitud incluso cuando otros no lo hacen.
Esa obra interior es la que Jesús continúa en la montaña cuando llama a los Doce para que estén con Él. No los elige por su perfección, sino por su disponibilidad. Quiere hacerlos compañeros de camino, hombres capaces de anunciar, sanar y liberar. La llamada no es un privilegio aislado, sino un envío para construir juntos un pueblo nuevo. También nosotros, desde nuestro Bautismo, hemos sido llamados a caminar con Él y, entre nosotros, dejamos que el Espíritu nos unifique y nos renueve.
Este año, al repetir “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”, recordamos que toda transformación verdadera comienza desde dentro. El Espíritu nos capacita para actuar como David cuando quisiéramos responder con dureza; para refugiarnos en Dios cuando el miedo golpea; para seguir a Jesús con corazón disponible.
Pidamos ser un pueblo de odres nuevos: capaces de misericordia, de discernimiento y de comunión. Que el Espíritu Santo fortalezca nuestro caminar y haga de cada uno un signo vivo de la santidad que Dios sueña para su pueblo.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍