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La Palabra del Domingo: Desde lo hondo a ti grito, Señor

LA PALABRA CADA DÍA

Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

Él es la resurrección y la vida

Domingo, 2 de noviembre del 2025

Color: MORADO

(Se pueden elegir otras lecturas del Leccionario de Difuntos)

Primera lectura: Lam 3,17-26
Lectura del Libro de las Lamentaciones

Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor.» Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello y estoy abatido. Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión: antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad! El Señor es mi lote, me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 129,1-2.3-4.5-6.7-8

R/. Desde lo hondo a ti grito, Señor

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R/.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto. R/.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. R/.
Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. R/.
Y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R/.

Segunda lectura: Rom 5,5-11
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos

Hermanos: La esperanza no defrauda porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.
En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación. Palabra de Dios.

Palabra de Dios

Evangelio: Lc 7, 11-17
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: —«No llores». Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: —«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: —«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo». La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Palabra del Señor


Él es la resurrección y la vida

La práctica de orar por los difuntos es tan antigua como la Iglesia misma. Es una práctica que hemos aprendido del pueblo de la Antigua Alianza. Según atestigua el relato de 2 Macabeos 12,42-45, Judas Macabeo mandó a ofrecer un sacrificio por unos soldados muertos para que fueran liberados de sus pecados.
Ayer celebrábamos nuestra unión con los santos que ya gozan del triunfo de Cristo sobre la muerte en la gloria del cielo. Hoy, la Iglesia reconoce la realidad de los fieles que han muerto, pero no han alcanzado la gloria: recordamos a todos los fieles difuntos, especialmente aquellos que aún se encuentran en el purgatorio, en espera de su entrada definitiva en la gloria celestial.
Los textos de la Palabra de Dios que acabamos de leer nos recuerdan que la esperanza en Dios no defrauda, ni siquiera ante la muerte y el sufrimiento. Subrayan la misericordia de Dios y la salvación que Cristo nos ofrece, animándonos a orar por los difuntos y a vivir en comunión con ellos, confiando en la vida eterna.
El libro de las Lamentaciones nos presenta la voz de alguien que ha experimentado el dolor de la pérdida. Sin embargo, en medio de la tristeza surge una certeza: “la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien, se renuevan cada mañana”. Esta es la clave para nuestro caminar como pueblo peregrino de esperanza: aunque atravesemos momentos oscuros, confiamos en que la fidelidad de Dios nunca falla.
El Salmo recoge el clamor de quienes lloran y se sienten frágiles ante la muerte: “Desde lo hondo a ti grito, Señor”. Pero también nos recuerda que Dios escucha y perdona, que su misericordia es más fuerte que nuestro pecado. Esa certeza sostiene nuestra oración por los difuntos: creemos que el Señor los acoge con amor y les concede la plenitud de la vida.
San Pablo, en la carta a los Romanos, nos ofrece la razón última de nuestra esperanza: “la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que Él mismo nos ha dado”. Por la sangre de Cristo, que “murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores”, y hemos sido reconciliados con Dios, “con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo”. Esta es la gran noticia que celebramos hoy: nuestros difuntos no quedan prisioneros de la muerte, porque Cristo los ha redimido y abre para ellos las puertas de la vida eterna.
En el Evangelio de Lucas, nuestro Señor Jesucristo, con el gesto de devolver la vida a un joven, hijo único de una madre viuda, revela su poder sobre la muerte: Él es la resurrección y la vida. El que cree en Él no morirá para siempre.
Que la memoria de nuestros difuntos nos ayude a valorar más la vida, a vivir con fidelidad al Evangelio y a perseverar en la esperanza, hasta encontrarnos todos, un día, en la casa del Padre, junto a la muchedumbre de los santos.

(Guía Mensual)

“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍

Categorías: Nacionales
Melvin Mix:
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