X

Joven encuentra segunda oportunidad tras las rejas, al pensar acabaría su vida

Santo Domingo.- Karla, nombre ficticio, tiene 16 años, un hijo de un año y una condena que terminará de cumplir el próximo 22 de octubre. Se encuentra recluida en el Centro de Atención Integral para Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal (de Niñas) del sector Villa Consuelo, Distrito Nacional, desde abril del 2000, su testimonio rompe los mitos sobre el sistema de reclusión menor en el país.

La adolescente manifestó que cuando sucedió el hecho residía con su pareja, en un barrio del Distrito Nacional. Hoy, con la mirada puesta en el futuro, a pesar de lo vivido, se prepara para cumplir su condena y aprovechar las oportunidades que abre octubre para empezar una nueva etapa.

Joven narra el hecho

Karla, nombre ficticio para proteger su identidad por razones legales, tiene 16 años.

“Yo estaba en un lugar, y después me pasaron a buscar. Después fue que mi familia lo supo, porque yo estaba detenida; ellos no sabían”, dijo Karla, que cuando se encontraba en el destacamento de Villa Juana, Distrito Nacional, llego su madre, con su abuela y su hermano, tras saber que cometió el hecho.

También llego su pareja al lugar desde el momento que supo cometió el error, estando ahí tanto él como su familiares les expresaron su apoyo y que no la iban a dejar sola en esa situación.

Dijo que luego de cometer el hecho, se sintió mal porque “yo no había cometido ningún error. Me sentía mal porque mi familia me veía de otra manera y sentía como que los decepcioné”.

Sin embargo, su familia la hicieron entender que “todo el mundo puede cometer un error, que sólo hay que arrepentirse y enmendarlo”. Con lágrimas en sus ojos, Karla asegura “que eso le pasó porque no estaba estudiando, y lo dejó por estar en otra cosa”.

Temor al "maltrato"

Al cruzar las puertas del centro de reclusión tras cometer un delito, el panorama parecía oscuro para Karla: “Yo pensaba que iba a un lugar feo donde me iban a maltratar, donde iba a malpasar. Pensaba que mi vida se acabó", confiesa. Sin embargo, cuando ingresó al sistema penitenciario significó una pausa que reorientó su vida.

Dijo que abandonó la escuela en el primero de bachillerato cuando vivía con su pareja; sin embargo, luego de que entró el centro se le permitió retomar la educación formal y capacitarse en repostería, belleza, uñas y manualidades.

"Es un cambio del cielo a la tierra. Si hubiese seguido fuera, creo que no hubiese terminado los estudios porque no tenía tanta posibilidad ni personas que me ayudaran", reflexiona con sinceridad.

Este error la ayudo avanzar en su desarrollo dentro del recinto, “creo que afuera no tenía tanta posibilidad de hacerlo (estudiar). Pero aquí me han dado un apoyo con el que puedo y seguiré logrando. Allá afuera no tenía ese apoyo ni personas que me ayuden, es un problema” expresó Karla, joven de 16 años. Pensó que su vida se había acabado al llegar al recinto.

Visitas de su familia

“A veces me quiero ir con ellos y sé que no puedo, pero me da felicidad que vengan y estén conmigo; mi mamá, que siempre viene, y mi abuela. Me da mucha felicidad. A veces me da tristeza porque me quiero ir”, dijo tras indicar que lo importante es que vienen a visitarla y le traen a su hijo los días permitidos.

A pesar de que sus familiares como su pareja le han dado apoyo, “mi familia siempre me dicen que me han dicho que no debo volver a cometer el error. Le doy gracias a Dios por mi familia, porque no me he quedado sola. Y también le doy gracias a Dios porque he llegado a un lugar donde no me maltratan.

Además, cuando entré al centro pensé que mi familia no iban a venir a verme”, dijo la adolescente tras dar gracias a Dios por haber llegado a un lugar como este donde ha podido seguir con sus estudios y aprendido cursos técnicos.
Maternidad tras rejas

El motor que impulsa a Karla a contar los días para recuperar su libertad es su hijo de un año. La separación obligatoria genera retos emocionales complejos que el centro aborda de manera interdisciplinaria: "Él se ha desacostumbrado a mí, pero me ponen a jugar aquí con él para que se acerque. Mis psicólogas me ayudan", relata la adolescente, asegurando que su niño es su "inspiración y fuerza de voluntad".

Planes para el 2025

Con el respaldo de su madre, su abuela y su pareja, quienes la visitan regularmente, Karla ya planifica el día después de su salida.

Entre sus metas inmediatas está inscribirse en la universidad para estudiar ingeniería o enfermería, además de emprender un negocio propio basado en las manualidades y el bordado aprendidos durante su reclusión.

“Mi deseo es terminar mis estudios y poner un lugar donde pueda desarrollarme y tener mi clientela”, manifestó Karla.

“Quiero terminar mi escuela y hacer más cursos. Me gusta mucho lo que es el bordado que me enseñaron aquí y quiero seguirlo afuera; también a hacer flores eternas. Muchas cosas que me enseñaron aquí las quiero ejercer allá afuera”, dijo la joven, y cuando salga en libertad desea emprender un negocio.

Preparación

—1— Consejo

Karla: “Mi mamá me dice que ella me ama, que yo no estoy sola, y lo que hice no estuvo bien, que tiene que reconocerlo, pero al final soy su hija”.

—2— Universidad

La adolescente de 16 años manifestó que su deseo es estudiar la carrera de Ingeniería en la universidad.

Teresa Casado

Categorías: Nacionales
admin:
X

Headline

You can control the ways in which we improve and personalize your experience. Please choose whether you wish to allow the following:

Privacy Settings