LA PALABRA CADA DÍA
VIII Semana. Tiempo Ordinario
“Jesús es el Mesías, el enviado de Dios para salvar”
Viernes, 5 de junio de 2026
Color: ROJO
Primera Lectura: 2Tim 3,10-17
Lectura de la Segunda Carta de San Pablo a Timoteo
Querido hermano: Tú seguiste paso a paso mi doctrina y mi conducta, mis planes, fe y paciencia, mi amor fraterno y mi aguante en las persecuciones y sufrimientos, como aquellos que me ocurrieron en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor. Por otra parte, todo el que se proponga vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido. En cambio, esos perversos embaucadores irán de mal en peor, extraviando a los demás y extraviándose ellos mismos. Pero tú permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la Sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 118,157.160.161.165.166.168
R/. Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor
Muchos son los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos. R/.
El compendio de tu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos. R/.
Los nobles me perseguían sin motivo, pero mi corazón respetaba tus palabras. R/.
Mucha paz tienen los que aman tus leyes, y nada los hace tropezar. R/.
Aguardo tu salvación, Señor, y cumplo tus mandatos. R/.
Guardo tus decretos, y tú tienes presente mis caminos. R/.
Evangelio: Mc 12,35-37
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”. Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?».
La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.
Palabra del Señor
“Jesús es el Mesías, el enviado de Dios para salvar”
Para quienes hemos recibido la encomienda de promover el anuncio de la Palabra, resultan altamente alentadoras las exhortaciones de San Pablo. Da a conocer la importancia que tiene la Palabra en el día a día de cada uno de nosotros: encontramos en ella una fuerza, una protección para ser fieles. Se alegra Pablo por la perseverancia de Timoteo y trata de mantenerlo alerta, sabiendo que a los seguidores de Cristo les vendrán las persecuciones, las que como él, podrá vencer.
Llegar a penetrar el misterio de Dios no es tarea fácil para el hombre. Es necesario que Dios mismo nos vaya revelando el misterio de su intimidad y que el Espíritu nos ayude a entender correctamente las Sagradas Escrituras.
Muchos han entendido el mesianismo de Jesús como la de un hombre que vino a traer valores de amor, pero no logran entender que este hombre es la presencia misma de Dios. Jesús es el Mesías, el enviado de Dios para salvar a todos aquellos que se encuentran sumidos en la tristeza y que no encuentran el sentido a sus acciones.
Los escribas piensan que el Mesías es hijo de David cuando David, por su parte, pensaba que era Señor. Ahora bien, en Oriente es inconcebible que un padre de familia conceda el título de Señor a uno de sus hijos. Por consiguiente, David tuvo que haber estado inspirado por el Espíritu al hacer una declaración de ese tipo.
¿Cómo responder a la pregunta de Cristo: “Si es Señor, ¿cómo puede ser hijo?”
La solución sería evidentemente decir que el Mesías no puede ser al mismo tiempo hijo de David y Señor si no es a la vez hombre y Dios (Rom 1,3-4). Los cristianos encontrarán la solución contemplando el misterio de Pascua y citarán con frecuencia el salmo 109/110 para aclarar cómo el hijo de David es también hijo de Dios (Act 2,34; 7,55-56; 1 Pe 3,22; Ap 3,21; Col 3,1; Heb 1,3-13, etc.).
Jesús es el Mesías con poder para someter a sus enemigos que son los enemigos del hombre: la lujuria, la pereza, el egoísmo, la vanidad, la gula, la soberbia, la avaricia. Todo aquello que destruye al hombre es vencido en Jesucristo, Él es el Mesías victorioso que con su resurrección nos abre la posibilidad de una vida diferente, en donde podamos amarnos en Él.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍