LA PALABRA CADA DÍA
III Semana de PASCUA
“Ir al mundo entero a proclamar el Evangelio”
Color: BLANCO
Viernes, 5 de mayo del 2022
Primera Lectura: Hc 9, 1-20
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles
En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor. Fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres.
En el viaje, cerca ya de Damasco, de repente, una luz celeste lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: —«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Pregunto él: —«¿Quién eres, Señor?» Respondió la voz: —«Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que tienes que hacer.» Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión: —«Ananías.» Respondió él: —«Aquí estoy, Señor.» El Señor le dijo: —«Ve a la calle Mayor, a casa de Judas, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, y ha visto a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista.» Ananías contestó: —«Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre.»
El Señor le dijo: —«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas. Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre.» Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: —«Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y te llenes de Espíritu Santo.» Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y lo bautizaron. Comió, y le volvieron las fuerzas. Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 116, 1-2
R/. Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio
Alaben al Señor, todas las naciones, aclamen, todos los pueblos. R/.
Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R/.
Evangelio: Jn 6, 52-59
Lectura del Santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
Palabra del Señor
“Ir al mundo entero a proclamar el Evangelio”
En este viernes en la tercera semana de la Pascua, las lecturas nos invitan a vernos como cristianos. En la primera lectura, encontramos el relato de la conversión del Apóstol Pablo (en ese entonces conocido como Saulo) sin duda, una de las conversiones más dramáticas que los cristianos de todas las épocas hemos podido conocer: De ser un fariseo orgulloso de su estirpe, estar en contra de los cristianos, al punto de solicitar permiso para apresarlos, pasa a tener un encuentro personal con Nuestro Señor Jesucristo.
Viendo de cerca el encuentro de Pablo con Jesús, podemos identificar situaciones y actitudes que el mismo Jesús hace a nosotros cuando se nos acerca: nos habla de lo que estamos haciendo en el momento. A Pablo le preguntó: “¿Por qué me persigues?”. ¿Qué puede estar preguntándonos Jesús hoy en nuestra vida? Preguntémonos, ¿En dónde nos está manifestando Jesús su presencia en nosotros?
Por otro lado, vemos la respuesta de Pablo, quien hace una pregunta “¿Quién eres, Señor?” y cuando Jesús se identifica queda en silencio. ¿Cuántas veces nos quedamos en silencio frente a Jesús? ¿O seguimos haciendo tanto ruido con nuestras propias situaciones que no nos dejamos deslumbrar con su presencia? Jesús siempre tendrá un plan para nosotros, y podemos confiar que Él irá delante de toda situación para llevar a cabo su plan y qué podemos esperar en Él.
Luego, el Salmo nos dice claramente lo que estamos llamados a hacer una vez nos hemos encontrado con Jesús: “Ir al mundo entero y proclamar el Evangelio”; es decir, proclamar la buena noticia de la Salvación que tenemos todos los que hemos sido, como Pablo, alcanzados por Jesús. Estamos llamados a darlo a conocer a las naciones para que sea alabado.
¿Cómo se ve eso en la vida de cada uno de nosotros? Probablemente no tenemos influencia en naciones en un sentido tan amplio, sin embargo, proclamar el Evangelio puede ser tan sencillo como ceder el paso, escuchar a los que tienen aflicciones, dar un abrazo de solidaridad, desearle los buenos días a alguien que vemos cada día, pero que no conocemos. En fin, algo que manifieste ese amor que el Señor nos ha dado y que mora en nosotros.
Finalmente, el Evangelio nos invita a tener esa cercanía con Jesús mediante la Eucaristía. Es el mismo Señor Jesucristo que nos llama a comer de su carne, a acercarnos a Él en la misa, asegurándonos que es verdadera comida y que el que coma de ese pan vivirá para siempre.
¡Qué bendición nos ha dado Dios en la Eucaristía, donde nos alimentamos con el mismo Cristo para poder llenarnos de Él y anunciar su Reino!
(Guía Mensual)
“Anuncien a todos la alegría del Resucitado. Aleluya, aleluya” ✍