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Inclina tu oído, Señor, escúchame

LA PALABRA CADA DÍA

IV Semana. Tiempo Ordinario. Año II

“La fe en Jesús te sana”

Martes, 3 de febrero de 2025

Color: VERDO/ROJO

Primera Lectura: 2Sam 18,9-10.14b.24-25a.31–19,3
Lectura del Segundo Libro de Samuel

En aquellos días, Absalón se encontró frente a los hombres de David. Montaba un mulo y, al pasar el mulo bajo el ramaje de una gran encina, la cabeza se le enganchó en la encina y quedó colgando entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que montaba siguió adelante. Alguien lo vio y avisó a Joab: «He visto a Absalón colgado de una encina». Cogiendo Joab tres venablos en la mano y los clavó en el corazón a Absalón.
David estaba sentado entre las dos puertas. El vigía subió a la terraza del portón, sobre la muralla. Alzó los ojos y vio que un hombre venía corriendo en solitario. El vigía gritó para anunciárselo al rey. El rey dijo: «Si es uno solo, trae buenas noticias en su boca».
Cuando llegó el cusita, dijo: «Reciba una buena noticia el rey, mi señor: El Señor te ha hecho justicia hoy, librándote de la mano de todos los que se levantaron contra ti». El rey preguntó: «¿Se encuentra bien el muchacho Absalón?». El cusita respondió: «Que a los enemigos de mi señor, y a todos los que se han levantado contra ti para hacerte mal les ocurra como al muchacho»
Entonces el rey se estremeció. Subió a la habitación superior del portón y se puso a llorar. Decía al subir: «¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar !¡Absalón, hijo mío, hijo mío!». Avisaron a Joab: «El rey llora y hace duelo por Absalón».
Así, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el pueblo, al decir que el rey estaba apenado por su hijo.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 85,1-2.3-4.5-6
R/. Inclina tu oído, Señor, escúchame

Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti. R/.
Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor. R/.
Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica. R/.

Evangelio: Mc 5,21-43
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.
Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva». Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré».
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?»
Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».
Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.
Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe».
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentran el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. y después de entrar les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor


“La fe en Jesús te sana”

“Basta que tengas fe”. En esta expresión de Jesús se centra la enseñanza del Evangelio de Marcos que nos presenta la liturgia de la Palabra en este día. Marcos desdobla en dos personajes que representan la multitud de oprimidos por el régimen religioso judío. Se puede notar que una representa al pueblo sometido a la institución (la hija de Jairo), y otra que representa al pueblo marginado por ella (impura), la hemorroísa. Tanto los fieles de la institución religiosa como los excluidos de ella son víctimas de la opresión que ella ejerce.
Con la figura de la niña, hija del jefe de la sinagoga, Marcos describe la dra¬mática situación de los judíos integrados en la institución religiosa y sometidos a ella. El tema había sido iniciado en el episodio del hombre con el brazo inmóvil (3,1-7a), donde se mostraba al pueblo como un inválido sin capacidad de acción, debido a la paralizante observancia de la Ley que se le impone. El legalismo mantiene a estas personas en una situación de dependencia tal, que se encuentran privados de toda liber¬tad, creatividad e iniciativa y, por lo mismo, infantilizados (niña).
Los fariseos, que imponen este modo de proceder (3,1-7a), no apare-cen en este texto, actitud que indica que no se interesan por el estado del pueblo. Marcos presenta en cambio, a un funcionario, encargado de la admi¬nistración y organización de la sinagoga, quien, ante la imposibilidad de encontrar solución dentro de la institución que él mismo representa, se atreve, por amor al pueblo, a acudir a Jesús, el rechazado por el sistema religioso del que él forma parte.
El problema está en que la opresión legalista va llevando a ciertos sectores del pueblo a un estado de indiferencia y de inacción que equiva¬le a una muerte en vida (mi hijita está en las últimas).
El jefe de sinagoga (cargo) no encuentra remedio en su sistema y opta como persona (Jairo) por acudir a Jesús, el excomulgado por ella. Piensa que Jesús puede evitar el desastre infundiendo vida en el contex-to de las instituciones del pasado (para que se salve y viva); espera una revitalización del pueblo antes que éste pierda la capacidad de reacción.
En este punto intercala Marcos el episodio de la mujer con flujos de sangre, repre¬sentante del otro sector oprimido dentro de la sociedad judía. Enlaza temáticamente con el episodio del leproso (1,39-45), prototipo de los marginados por la institución religiosa, y expone la alternativa que ofre¬ce Jesús a este sector del pueblo. Su colocación central, entre las dos par¬tes de la narración sobre la hija de Jairo, muestra la importancia que tiene el problema de la marginación y la estrecha conexión que existe entre los dos modos de opresión.
La mujer, impura por su enfermedad (Lv 15,25-30), enferma y estéril, representa al Israel (doce años) marginado por la institución sinagogal. Tras intentar innumerables veces encontrar una solución, ha constatado la imposibilidad de salir de su situación dentro del marco de la Ley, mediante los ritos religiosos que ésta determina, pues es el legalismo fariseo el que la mantiene en ese estado, sometiéndola al mismo tiempo a una explotación económica.
Como vemos, ese legalismo opresor puede ser superado, basta que tengas fe. La fe en Jesús te sana, te libera, te salva.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

Categorías: Nacionales
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