LA PALABRA CADA DÍA
III Semana. Tiempo Ordinario
Del 18 al 25 Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos
“Hoy somos los nuevos enviados llamados a la misión de expandir el Reino”
Jueves, 25 de enero del 2024
Color: BLANCO
Primera lectura: Hch 22, 3-16
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles
En aquellos días, dijo Pablo al pueblo: «Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crie en esta ciudad; fui alumno de Gamaliel y aprendí hasta el último detalle de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto fervor como ustedes muestran ahora. Yo perseguí a muerte este nuevo camino, metiendo en la cárcel, encadenados, a hombres y mujeres; y son testigos de esto el mismo sumo sacerdote y todos los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y fui allí para traerme presos a Jerusalén a los que encontrase, para que los castigaran. Pero en el viaje, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor, caí por tierra y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Yo pregunté: "¿Quién eres, Señor?" Me respondió: "Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues”. Mis compañeros vieron el resplandor, pero no comprendieron lo que decía la voz. Yo pregunté: "¿Qué debo hacer, Señor?" El Señor me respondió: "Levántate, sigue hasta Damasco, y allí te dirán lo que tienes que hacer”.
Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco. Un cierto Ananías, devoto de la Ley, recomendado por todos los judíos de la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo: "Saulo, hermano, recobra la vista”.
Inmediatamente recobré la vista y lo vi. Él me dijo: "El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que vieras al Justo y oyeras su voz, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, no pierdas tiempo; levántate, recibe el bautismo que, por la invocación de su nombre, lavará tus pecados”.
Palabra de Dios
O Bien: Hechos 9, 1-22
Salmo Responsorial: 116, 1.2
R/. Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio
Alaben al Señor, todas las naciones, aclámenlo, todos los pueblos. R/.
Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R/.
Evangelio: Mc 16, 15-18
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos”.
Palabra del Señor
“Hoy somos los nuevos enviados llamados a la misión de expandir el Reino”
Saulo hoy se abre para mostrarnos su profundo camino de conversión. De perseguidor de los cristianos (los del camino) a propagador de la Buena Nueva. Rumbo a Damasco su vida toma un dramático y radical cambio. El encuentro con una luz penetrante le ciega y la voz de Jesús le transforma para que deba cambiar su dirección, creencias y misión. El poder amoroso y la gracia de Dios convierten a Pablo de ferviente opositor y perseguidor a seguidor incansable, renovado, y ferviente mensajero de Jesús.
La narración de su proceso de conversión – llena de elementos simbólicos – nos abren a la experiencia transformativa de quien se convertirá en apóstol de los gentiles. Ya no anda en la tiniebla, sino que la luz lo ciega para que salga de su oscuridad presente. Poco a poco va abriendo los ojos y paulatinamente comienza a ver la vida con otros ojos. Su conversión, probablemente un proceso mucho más lento y paulatino que lo narrado hoy, va de la mano de la comunidad. El encuentro con la fuerza del amor de Dios le hace caer al suelo. Ya no es el líder perseguidor, sino que se convierte en tierra; necesita de otros que le ayuden a levantarse para caminar en dirección desconocida.
El gran perseguidor se convierte en el débil ciego. De la mano de la comunidad de fe representada en la persona de Ananías, Saulo va despejando sus dudas, venciendo sus miedos, aprendiendo a obedecer al Dios de Jesús. Se abre a la experiencia nueva como instrumento restaurado por la Palabra. Su bautismo le hace renacer limpiándole del viejo hombre para que se convierta en el gran Pablo, evangelizador del mundo.
Al igual que con Pablo, hoy también se nos insiste a continuar nuestro propio proceso de conversión; en descubrir esa luz y a escuchar la voz de Jesús a través de tantos encuentros con los Ananías de este mundo. Nuestra conversión, proceso de toda una vida, nos lleva a recobrar las fuerzas para levantarnos, caminar y penetrar “al mundo entero proclamando el Evangelio a toda la creación”. Hoy somos los nuevos enviados llamados a la misión de expandir el Reino. Somos los convocados desde nuestro bautismo a abrir los ojos, a mirar con mayor profundidad, a compartir y crecer en comunidad y a lanzarnos sin miedo a nuestros entornos necesitados de la misma luz y voz del maestro. Como Pablo somos llamados a llenar y transformar la vida desde la gracia y amor de Dios. ¡Gracias San Pablo!
(Guía Litúrgica)
“Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario”✍