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“Hoy al igual que antaño, hacen falta voces enviadas por Jesús para liberar, sanar y consolar al pueblo” (Mt 10, 34-11,1)

LA PALABRA DIARIA

Lunes, XV Semana del Tiempo Ordinario

Color: VERDE

12 de julio de 2021

Primera lectura: Ex 1,8-14.22
Lectura del Libro del Éxodo
En aquellos días, subió al trono en Egipto un Faraón nuevo, que no había conocido a José, y dijo a su pueblo: «Miren, el pueblo de Israel está siendo más numeroso y fuerte que nosotros; vamos a vencerlo con astucia, pues si no, cuando se declare la guerra, se aliará con el enemigo, nos atacará, y después se marchará de nuestra tierra.»
Así, pues, nombraron capataces que los oprimieron con cargas, en la construcción de las ciudades granero, Pitom y Ramsés. Pero, cuanto más los oprimían, ellos crecían y se propagaban más. Hartos de los israelitas, los egipcios les impusieron trabajos crueles, y les amargaron la vida con dura esclavitud: el trabajo del barro, de los ladrillos, y toda clase de trabajos del campo; les imponían trabajos crueles.
Entonces el Faraón ordenó a toda su gente: «Cuando nazca un niño, échenlo al Nilo; si es niña, déjenla con vida.»
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 123,1-3.4-6.7-8
R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte –que lo diga Israel–, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros. R/.
Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes. Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes. R/.
Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R/.
Evangelio: Mt 10, 34-11,1
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No piensen que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.
El que los recibe a ustedes me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo.
«El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, se lo aseguro.»
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
Palabra del Señor


“Hoy al igual que antaño, hacen falta voces enviadas por Jesús para liberar, sanar y consolar al pueblo” (Mt 10, 34-11,1)
El “discurso de la misión” del capítulo 10 del Evangelio de Mateo llega a su final hoy. Sin embargo, este mensaje pudiera parecer un tanto contradictorio al amor y paz de las Bienaventuranzas. Jesús muestra la urgencia del llamado para decirnos que hemos de amarle y seguirle por encima de todo. No se trata de enemistar a padres, madres, hijos, hijos, nueras y suegras. Más bien se trata de mostrar que el mensaje que trae pudiera resultar incómodo y, por tanto, sacudir los cimientos de la cultura, las tradiciones, la familia y la religiosidad del tiempo. No puede haber cambio sin una dosis de dolor. El cambio incomoda, enfrenta y hasta violenta a algunos. Es más fácil vivir desde la comodidad de lo existente que arriesgar lo que se tiene por el bien común.
El seguimiento implica dejar todo esquema mental que nos limita e implica encontrarse con uno mismo para deshacernos de lo que nos ata. Es un mensaje que nos motiva a recibir al enviado de Dios como salvador y liberador. Es un mensaje que nos impulsa a tomar el rol de profeta que sabe anunciar y denunciar dentro de las comunidades y a recibir lo injusto para devolverlo en justicia. Luchar por la seguridad del Reino nos pudiera llevar a perder lo que no nos brinda beneficios personales. Implica, pues, tomar la cruz, el dolor y los traumas de la vida para aprender a cargar con Jesús nuestras propias cruces, pero con esperanza. En fin, el seguimiento nos conduce a poner “nuestro auxilio en el nombre del Señor” y nos encamina para luchar por los más pequeños del Reino, los pobres. Mensaje lleno de esperanza para una sociedad que requiere más vida.
Hoy comenzamos, por tres semanas, la lectura del libro del Éxodo que nos adentra a una parte de la historia del pueblo de Israel. Han pasado cuatrocientos años desde la muerte de José. El Faraón, Ramsés II, quien vive en el siglo XIII antes de Cristo, siente temor al ver crecer el número de emigrantes en su país, Egipto. Comienza a oprimir al pueblo extranjero con duros trabajos e implanta una estructura de esclavitud para aprovecharse de la mano de obra. Inicia, pues, la historia de esclavitud del pueblo. El pueblo anhela volver a su tierra y surge el liderazgo de Moisés.
Es una historia parecida a tantos pueblos latinoamericanos que, históricamente, se han visto sumergidos en guerras, en opresiones económicas, en sistemas injustos donde una minoría es dueña de una gran parte de la tierra y de los ingresos. Una historia donde los trabajos de los inmigrantes no son justamente remunerados, donde la dignidad de las personas tiende a irrespetarse, los sistemas de salud siguen empobrecidos, la educación parece no mejorar para la mayoría, y el aborto legal se ha querido imponer por fuerzas extranjeras. En fin, sociedades necesitadas de personas que puedan anunciar la Buena Noticia.
Hoy al igual que antaño, hacen falta voces enviadas por Jesús para liberar, sanar y consolar al pueblo. Somos nosotros los cristianos que debemos liderar al pueblo, así como lo veremos durante las próximas tres semanas con Moisés. Soñemos y actuemos como una vez lo pensó y vivió el obispo brasileño Helder Câmara: “Cuando sueñas solo, sólo es un sueño; cuando sueñas con otros, es el comienzo de la realidad.” Iniciemos hoy el sueño comunitario para todos y todas hacia la utopía del Reino.

(Guía Mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍

Categorías: Internacionales
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