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“Esta mujer reconocía que Jesús tenía el poder de liberar a su hija” (Mt 15,21-28)

LA PALABRA DIARIA

Miércoles, XVIII Semana del Tiempo Ordinario

Color: BLANCO

4 de agosto de 2021

Memoria Obligatoria: Santo Domingo de Guzmán, Presbítero y Doctor de la Iglesia

Primera lectura: Núm 13, 1-2.25-14, 1.26-29.34-35
Lectura del libro de los Números

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés en el desierto de Farán: «Envía gente a explorar el país de Canaán, que yo voy a entregar a los israelitas: envía uno de cada tribu, y que todos sean jefes.»
Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país; y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad israelita, en el desierto de Farán, en Cadés. Presentaron su informe a toda la comunidad y les enseñaron los frutos del país. Y les contaron: «Hemos entrado en el país adonde nos enviaste; es una tierra que mana leche y miel; aquí tienen sus frutos. Pero el pueblo que habita el país es poderoso, tienen grandes ciudades fortificadas (hemos visto allí hijos de Anac). Amalec vive en la región del desierto, los hititas, jebuseos y amorreos viven en la montaña, los cananeos junto al mar y junto al Jordán.» Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés y dijo: «Tenemos que subir y apoderarnos de esa tierra, porque podemos con ella.»
Pero los que habían subido con él replicaron: «No podemos atacar al pueblo, porque es más fuerte que nosotros.» Y desacreditaban la tierra que habían explorado delante de los israelitas: «La tierra que hemos cruzado y explorado es una tierra que devora a sus habitantes; el pueblo que hemos visto en ella es de gran estatura. Hemos visto allí Nefileos, hijos de Anac: parecíamos saltamontes a su lado, y así nos veían ellos.»
Entonces toda la comunidad empezó a dar gritos, y el pueblo lloró toda la noche. El Señor dijo a Moisés y Aarón: «¿Hasta cuándo seguirá esta comunidad malvada murmurando contra mí? He oído a los israelitas murmurar de mí. Pues diles: “Por mi vida –oráculo del Señor–, que les haré lo que me han dicho en la cara; en este desierto caerán sus cadáveres, y de todo su censo, contando de veinte años para arriba, los que murmuraron contra mí no entraran en la tierra donde juré que les establecería. Solo exceptúo a Josué, hijo de Nun, y a Caleb, hijo de Jefoné. Contando los días que exploraron la tierra, cuarenta días, cargarán con su culpa un año por cada día, cuarenta años. Para que sepan lo que es desobedecerme. Yo, el Señor, juro que trataré así a esa comunidad perversa que se ha reunido contra mí: en este desierto se consumirán y en él morirán.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 105,6-7a.13-14.21-22.23
R/. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo
Hemos pecado con nuestros padres, hemos cometido maldades e iniquidades. Nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas. R/.
Bien pronto olvidaron sus obras, y no se fiaron de sus planes: ardían de avidez en el desierto y tentaron a Dios en la estepa. R/.
Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo. R/.
Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio. R/.

Evangelio: Mt 15,21-28
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.» Él les contestó: «Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: «Señor, socórreme. “Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor


“Esta mujer reconocía que Jesús tenía el poder de liberar a su hija” (Mt 15,21-28)

Hoy nuestra Iglesia celebra el día de Santo Domingo de Guzmán, que nació en Caleruega (España), el 8 de agosto del año 1170. Fue el fundador de la Orden de Predicadores y a él le debemos el rezo del Santo Rosario, pues la historia cuenta que la Virgen María se le presentaba con un rosario en la mano y le enseñó a rezarlo, prometiendo gracias abundantes a quienes lo hicieran.
En la primera lectura de hoy recreamos la escena del Señor prometiendo una tierra maravillosa para el pueblo de Israel que estaba en el exilio. Luego de enviar algunos líderes a explorar la tierra que Él les prometía, la mayoría de ellos se fijó más en los obstáculos que tendrían que vencer. No solamente se centraron en la queja, sino que se rebelaron y querían lapidar a quienes querían entrar en la tierra prometida.
A este pueblo se le habían olvidado los grandes prodigios que Dios había hecho para sacarlos de la esclavitud de Egipto. Una vez más (como a veces nos pasa a nosotros) dejaron de mirar al Dios Todopoderoso para fijarse en la prueba, en la tormenta, en el esfuerzo que hay que hacer.
Por esto Dios decide “purificar” su pueblo. Los 40 años que el pueblo tendría que pasar en el desierto, tiempo simbólico que equivale a decir que es una generación. Era necesario para que el pueblo expiara poco a poco sus pecados y desaparecieran los efectos de idolatría con que todavía cargaba el pueblo de Israel. De esta forma, un pueblo renovado entraría con valentía y con fe a la tierra prometida.
En el Evangelio vemos una actitud totalmente diferente de una mujer cananea. No pertenecía al pueblo de Israel. Esta mujer reconocía que Jesús tenía el poder de liberar a su hija y ruega por ella. Jesús responde, primero con un silencio, luego con palabras que parecen muy duras: «No está bien tomar el pan de los hijos (israelitas) y echárselo a los perritos (gentiles o a sus “dioses paganos”).» La humildad y la fe de aquella mujer tocó el corazón de Jesús quien, no sólo concedió inmediatamente el milagro, sino que alabó la fe de aquella mujer extranjera.
Reflexionemos frente a estas dos actitudes que recoge la Palabra. La queja y desprecio de los israelitas y la fe y humildad de la mujer cananea. ¿Cuáles actitudes estoy teniendo hoy para con el Señor?

(Guía mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍

Categorías: Internacionales
Melvin Mix:
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