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Entren en la presencia del Señor con vítores

LA PALABRA CADA DÍA

XXII Semana Tiempo Ordinario

“Confío en tu misericordia, Señor”

Viernes, 5 de septiembre del 2025

Color: VERDE o BLANCO

Primera lectura: Col 1,9-14
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 1,15-20
Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, tronos, dominaciones, principados, potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia: Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 99,2.3.4.5

R/. Entren en la presencia del Señor con vítores

Aclama al Señor, tierra entera, sirvan al Señor con alegría, entren en su presencia con vítores. R/.
Sepan que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.
Entren por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.
«El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.» R/.

Evangelio: Lc 5,33-39
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los letrados: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber».
Jesús les contestó: «¿Quieren que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán».
Y añadió esta comparación: «Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “Está bueno el añejo».

Palabra del Señor


“Jesús nos llama a vivir lo nuevo con valentía”

Dejamos que resuene en nuestro interior la grandiosa proclamación de la carta a los colosenses: Cristo es “el primogénito de entre los muertos”, aquel en quien todas las cosas encuentran sentido y plenitud. Reconocerlo así significa abrazar el misterio de la Resurrección y entender que, aunque el dolor y la muerte marcan nuestra historia, en Jesús ya se ha inaugurado una vida nueva que anuncia victoria y reconciliación. “Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud”; es decir, en Cristo se manifiesta la totalidad del amor y la misericordia divina, uniendo el cielo con la tierra, la humanidad con Dios mismo. Él es el centro, la fuente y la meta de todo lo creado.
Este mensaje transformador nos invita a mirar nuestra vida con ojos renovados. La plenitud que Cristo trae no es solo para el futuro, sino para el presente: cada rincón de nuestra existencia puede ser lugar de encuentro, reconciliación y novedad. Es esa renovación la que Jesús anuncia en el evangelio, cuando habla del vino nuevo y los odres nuevos, de la tela nueva y el manto viejo. Insiste en que su mensaje no puede ser instalado como simple parche sobre nuestras costumbres antiguas, ni puede ser guardado en corazones resistentes al cambio. El Evangelio es una novedad que reclama espacio, que pide creatividad, flexibilidad y, sobre todo, deseos de ser transformados de verdad.
A veces, por miedo, costumbre o cansancio, nos aferramos a lo que conocemos y nos resistimos a perder esas seguridades, aunque ya no nos llenen de vida. Sin embargo, Jesús nos llama a vivir lo nuevo con valentía, a confiar en que su Palabra puede renovar hasta las áreas más secas o heridas de nuestro corazón. Su amor no viene a destruir, sino a redimir y enriquecer, a desarrollar en nosotros lo mejor que soñó desde la creación.
¿Cómo acoger este vino nuevo? Abriendo la vida a la escucha generosa de la Palabra, siendo comunidad unida en la fe, practicando la misericordia y la alegría, y renovando lo que hay en nuestro interior. Renunciar al manto viejo no es perder nuestro pasado, sino permitir que Cristo lo sane y lo convierta en bendición.
Hoy, la invitación es clara: “Entren en la presencia del Señor con vítores”. Acerquémonos a Él con corazón abierto, celebrando que en Cristo tenemos la plenitud, la novedad, y la vida en abundancia. Que cada día sea ocasión para vivir como odres nuevos, disponibles a la acción transformadora de Dios, y listos para contagiar esperanza y gozo a los demás.

(Guía Litúrgica)

Categorías: Nacionales
Melvin Mix:
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