La profunda devoción por la Virgen de la Altagracia congregó a miles de creyentes provenientes de distintas regiones del país y del extranjero en la Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia, en Higüey, en una de las manifestaciones de fe más multitudinarias de la República Dominicana.
Desde tempranas horas, largas filas de feligreses desafiaron la lluvia para venerar a su patrona, llegando con flores, velones y promesas cumplidas, en busca de sanidad, milagros, bendiciones o para agradecer favores concedidos. Algunos incluso acamparon durante varios días para participar en la celebración principal. Misma que inició con desfiles militares y procesiones en el interior de la imponente catedral.
Vestido con una túnica blanca, descalzo y portando un velón, Johnny Tejeda llegó una vez más desde San José de Ocoa, cumpliendo una promesa hecha a la Virgen. “Por los pies me entra la bendición”, expresó, al explicar que cada año repite este acto de fe en señal de agradecimiento.
Historias similares se repitieron entre los devotos. Ana Luisa Mateo relató que, tras pedirle a la Virgen tener una vivienda, prometió acudir vestida de blanco y descalza cada vez que regresara al país.
Misa y llamado a la transparencia marcan la festividad anual
Durante la misa solemne, celebrada en presencia de altas autoridades civiles, la Iglesia Católica elevó un llamado firme a los servidores públicos para que administren con transparencia los recursos del Estado y enfrenten con mayor determinación los problemas sociales que afectan al país.
“El fin de la gestión pública debe ser siempre el bien común. Los servidores públicos están para servir, no para lucrarse. Deben proteger, especialmente, a los más vulnerables”, expresó el obispo de Higüey, monseñor Jesús Castro Marte, en su homilía.
El presidente de la República no asistió a la ceremonia por razones de salud, según informó la primera dama Raquel Arbaje. La misma acudió junto a la vicepresidenta y otras autoridades para presentar sus peticiones a la Virgen.
En medio de la eucaristía, organismos de socorro atendieron varias emergencias. Esto, como parte del amplio operativo de seguridad y asistencia que movilizó a más de 9,000 voluntarios.
Mientras tanto, en los alrededores de la Basílica persistía el ambiente festivo, aprovechado por comerciantes y vendedores ambulantes. Algunos de estos manifestaron opiniones encontradas sobre el impacto real de la jornada en sus ventas. Al concluir la celebración, los jardines y áreas cercanas quedaron cubiertos de desechos, pese a las previsiones logísticas implementadas.
Cada 21 de enero, día principal de la festividad, la Virgen de la Altagracia puede llegar a congregar hasta un millón de devotos. Esto reafirma su lugar como una de las expresiones religiosas más significativas del país y de la región