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EL USURERO Y SU ASNO

Un hombre viejo, rico y avaro, prestaba dinero a intereses usurarios. Cada día iba a recaudar lo que le debían, pero estas salidas lo cansaban tanto que compró un asno, y lo cuidaba tanto que solo lo montaba cuando se sentía verdaderamente extenuado, que eran pocas veces al año. Un día de mucho calor, y teniendo que hacer un largo trayecto, el usurero llevó consigo al asno. En mitad del camino decidió montarlo y, tras pocos kilómetros, el pollino, poco acostumbrado a cargar personas, empezó a jadear. Su amo, temeroso de que el animal falleciera, se bajó y le sacó la albarda.
El asno pensó que ya no necesitaban sus servicios y dio media vuelta, alejándose de su amo, que le pidió que volviera. Este decidió regresar a casa con la albarda a cuestas, comprobando al llegar, con gran alegría, que el equino también estaba ahí. Pero el cansancio de cargar tantos kilómetros con la albarda a cuestas le hizo enfermar durante un mes.
Esta fábula nos enseña que hay que aprender a renunciar en el momento oportuno para poder continuar avanzando.

FUENTE: REVISTA PRONTO
[el rincón del pensamiento].
Ilustración: Alberto Vázquez
Edición y arreglos: Marian Gómez

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