LA PALABRA CADA DÍA
XXXI Semana. Tiempo Ordinario(Fiesta: Dedicación de la Basílica de Letrán)
“¡El templo es Casa de Dios! Es lugar de oración y recogimiento”
Jueves, 9 de noviembre del 2023
Color: BLANCO
Primera lectura: Ez 47, 1-2.8-9.12
Lectura de la Profecía de Ezequiel
En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante –el templo miraba a levante–. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.
Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 45, 2-3.5-6.8-9
R/. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos, aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar. R/.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora. R/.
El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Vengan a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra: pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. R/.
Segunda Lectura: I Cor 3, 9c-11.16-17
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios
Hermanos: Son edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye. Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. ¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo es ustedes.
Palabra de Dios
Evangelio: Jn 2, 13-22
Lectura del Santo Evangelio según San Juan
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quiten esto de aquí; no conviertan en un mercado la casa de mi Padre».
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron que se lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Palabra del Señor
“¡El templo es Casa de Dios! Es lugar de oración y recogimiento”
Hoy estamos celebrando la Dedicación de la Basílica de Letrán. La Dedicación es el nombre que se le da a una hermosa celebración con la que se consagra un templo para Dios y para la comunidad eclesial. Es decir, se dedica, se entrega a Dios ese templo y el Señor toma posesión de ese lugar como casa suya y de su Iglesia. Cada Parroquia y cada Diócesis celebra cada año el recuerdo de esa dedicación al Señor.
En este sentido las lecturas están encaminadas a ayudarnos a entender la importancia y trascendencia del templo como lugar de encuentro, consagrado y dedicado para el culto a Dios.
En la primera lectura, Ezequiel nos presenta el santuario como una fuente de agua que da vida y que va haciendo que a su paso todo vaya floreciendo y produciendo buen fruto. San Pablo, en su primera carta a los corintios les recuerda que el único fundamento sobre el cual se construye toda edificación es Cristo y nosotros como cristianos somos templo del Espíritu Santo.
En el Evangelio vemos a Jesús lleno de celo al ver a la casa de Dios convertida en un mercado. La ira de Jesús se debe a que el templo había perdido su sentido original para convertirse en una especie de supermercado desde el cual se comercializaban todos los objetos que posiblemente iban a ser utilizados para el culto. El celo de Jesús nos da una perfecta idea del profundo significado de santidad y respeto que se le debe a la “Casa de su Padre”.
Hoy no estamos lejos de ver cómo muchos que asisten al templo lo convierten en una especie de “mercado” (¡y cuidado con nosotros mismos!). Se olvidan de las palabras de Jesús: “mi casa será llamada casa de oración” (Mt 21,13). No punto de encuentro social.
¡El templo es Casa de Dios! Es lugar de oración y recogimiento donde la comunidad va a rezar, a alabar al Señor y a estar en compañía de Él. Todo esto lo sabemos, pero a veces inconscientemente nos convertimos en mercaderes irreverentes a la solemnidad que se le debe a este lugar sagrado.
Cada uno de nosotros puede convertirse en observador de los que visitan el templo un domingo, por ejemplo. Ahí veremos mujeres vestidas inapropiadamente para la celebración; personas de cualquier edad contestando llamadas o chateando (incluso en el momento de la consagración); conversaciones a viva voz entre amigos; personas “masticando chicle” como si estuvieran en un parque o sala de cine; venta de comida o golosinas o boletos para rifas (antes o después de la misa) pro-recaudación de fondos para un grupo a peregrinar. Esto para mencionar solo unos casos entre muchos otros que tú descubrirás. (Pero recuerda que esta actitud de “observador” no es con la que debes ir al templo).
Así como se nos invita a vivir la “HONESTIDAD EN LA VIDA FAMILIAR”, así también se nos invita a vivir la honestidad en la vida parroquial, porque la parroquia es “familia de familias”.
Hoy Pablo nos dice que “somos edificio de Dios y conforme al don que Dios nos ha dado, nosotros, como hábiles arquitectos, colocamos el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye”. (cfr. 1 Co 3,9).
Como padre, como madre, San Pablo nos advierte: “mire como cada uno construye”. Cabe preguntarnos: ¿Cómo estoy construyendo yo el templo que es mi familia? ¿Cómo estoy evitando que el Templo de Dios no lo convierta en un mercado?
¡Demos lo mejor de nosotros mismos y formemos a nuestros hijos según las enseñanzas del Señor!
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13)✍