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El sofocante calor de la época aumenta los signos vitales

Por: Ramona A. Lappot

Las temperaturas globales han aumentado significativamente en los últimos años y se prevé continuaran en aumento debido al cambio climático acelerado. El número de personas expuestas al calor extremo está aumentando exponencialmente debido a este cambio en todas las regiones del mundo.

Esta intensificación del calor trae consecuencias serias en la salud. En el período comprendido entre 2000 y 2004 y el que abarca de 2017 a 2021, la mortalidad relacionada con el calor en las personas mayores de 65 años se incrementó en alrededor de un 85 %. La Organización Mundial de la Salud advierte que el calor extremo puede causar cambios a nivel fisiológico que pueden exacerbar enfermedades cardiovasculares, renales, mentales, neurológicas y respiratorias.

Para Ramona A. Lappot Guzmán, médico internista de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), esto tiene una explicación sencilla: el cuerpo humano tiene mecanismos extraordinarios para regular su temperatura.

El cuerpo trabaja más

La galena dijo que cuando hace mucho calor, el cuerpo tiene que trabajar más para enfriarse, buscando formas de disipar el calor.

La termorregulación en uno de los mecanismos de homeostasis más sofisticados y demandantes del organismo.

El hipotálamo ordena una vasodilatación periférica generalizada, desviando el flujo sanguíneo hacia la piel para facilitar el enfriamiento por radiación y evaporación a través del sudor.

Refiere que para mantener la presión de perfusión en los órganos vitales ante este ensanchamiento del lecho vascular, el corazón debe incrementar drásticamente su gasto cardíaco, elevando la frecuencia cardíaca y la fuerza de contracción (debe bombear con mayor esfuerzo).

Al sudar se pierde líquido y los riñones tienen que adaptarse a cambios en hidratación y sales minerales.

El calor no afecta a todos por igual, porque estos mecanismos no funcionan igual en todas las personas.

“En una persona joven, sana y bien hidratada, este esfuerzo puede pasar desapercibido. Pero para muchas personas, especialmente adultos mayores, pacientes hipertensos, diabéticos, renales, cardíacos o personas que toman varios medicamentos, el calor puede convertirse en un verdadero factor de descompensación”, señala.

Por eso como médicos, el clima empieza a comportarse como un nuevo signo vital: algo sobre lo que debemos preguntar y tomar en serio. Preguntar por el calor debería formar parte de la consulta médica moderna.

¿Cómo le está afectando el calor? ¿A qué hora hace ejercicio? ¿Tiene acceso a agua durante el día? ¿Ha sentido mareos, calambres, debilidad o palpitaciones cuando aumenta la temperatura? ¿Orina menos? ¿Ha notado presión más baja o alta de lo habitual? ¿Trabaja expuesto al sol? ¿Vive solo? ¿Tiene ventilación adecuada? Estas preguntas pueden revelar riesgos que un laboratorio no siempre muestra.

Lappot describe que algunos medicamentos modifican la forma en que el cuerpo responde al calor, por ejemplo, los diuréticos, ciertos medicamentos para la presión, fármacos psiquiátricos, antihistamínicos y otros tratamientos pueden afectar la sudoración, la sed, la presión arterial o el equilibrio de líquidos.

Los que más sufren

Asegura que los pacientes con hipertensión arterial sistémica son de los primeros en sufrir las consecuencias de los días calurosos.

La intensa vasodilatación periférica provocada por el calor ambiental puede generar un descenso abrupto e impredecible de la presión arterial, esto puede traer complicaciones como episodios graves de hipotensión ortostática, síncopes, caídas y traumatismos severos, especialmente en adultos mayores.

Además, la pérdida acelerada de agua y electrolitos por el sudor altera la concentración plasmática de los fármacos, transformando una dosis terapéutica habitual en una dosis potencialmente tóxica.

Riesgo en diabéticos

Sostiene que “la diabetes deteriora la microvasculatura y los nervios autonómicos que controlan la sudoración, lo que significa que el paciente diabético tiene una capacidad intrínsecamente disminuida para disipar el calor.

Asimismo, la deshidratación concentra los niveles de glucosa en sangre, desencadenando crisis hiperglucémicas como el estado hiperosmolar”.

Aclara que el riesgo se multiplica exponencialmente debido a la polifarmacia, algo muy común en el adulto mayor. Los diuréticos, recetados frecuentemente, actúan vaciando los depósitos de agua del cuerpo, lo que exacerba la deshidratación.

Por otro lado, los betabloqueantes impiden que el corazón aumente su frecuencia cardíaca para compensar la vasodilatación, limitando la respuesta adaptativa al calor. Incluso ciertos psicofármacos interferirán con los centros termorreguladores del hipotálamo, bloqueando la señal de sudoración.

La especialista dijo que esto no significa suspender medicamentos por cuenta propia. Al contrario: significa hablarlo. El paciente hipertenso no debe dejar su tratamiento porque “hace mucho calor”.

El paciente con insuficiencia cardíaca tampoco debe aumentar líquidos sin orientación si tiene restricción médica. El diabético no debe ignorar mareos, sudoración excesiva o debilidad pensando que “es sólo el clima”.

La clave está en reconocer que el calor cambia el escenario clínico. También, afirma que se necesita educar mejor sobre las señales de alarma.

El golpe de calor

— Cuando se agrava

El golpe de calor es más grave: puede presentarse con confusión, alteración del estado mental, temperatura corporal elevada, piel muy caliente, convulsiones o pérdida de conciencia. En esos casos, no se debe esperar “a ver si se pasa”, hay que buscar atención urgente.

Depende de los factores fisiológicos

La vulnerabilidad al calor depende de factores fisiológicos, como la edad, el estado de salud y el uso de algunos medicamentos.

Los diuréticos, medicamentos para la presión, fármacos psiquiátricos, antihistamínicos y otros tratamientos pueden afectar la sudoración, la sed, la presión arterial o el equilibrio de líquidos.

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