X

El cáliz de la bendición es la comunión con la sangre de Cristo

LA PALABRA CADA DÍA

Misa Vespertina en la Cena del Señor

Jueves, 2 de abril del 2026

Color: BLANCO

Primera Lectura: Éx 12, 1-8.11-14
Lectura del Libro del Éxodo

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para ustedes el principal de los meses; será para ustedes el primer mes del año. Digan a toda la asamblea de Israel: "El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardarán hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayan comido. Esa noche comerán la carne, asada a fuego, comerán panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comerán así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y se lo comerán a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será su señal en las casas donde estén cuando vea la sangre, pasaré de largo; no los tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para ustedes memorable, en él celebrarán la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones".

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 115, 12-13.15-16bc.17-18
R/. El cáliz de la bendición es la comunión con la sangre de Cristo

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. R/.
Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas. R/.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R/.

Segunda Lectura: 1 Cor 11,23-26
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez les he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; hagan esto cada vez que beban, en memoria mía”. Por eso, cada vez que coman de este pan y beban del cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios

Evangelio: Juan 13, 1-15
Lectura del Santo Evangelio según San Juan

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”.
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo”.
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También ustedes están limpios, aunque no todos”. Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos están limpios”. Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman "el Maestro" y "el Señor", y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros; les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan”


“Por Cristo, con Cristo y en Cristo”
Nuestra vida es un camino en el que descubrimos el valor de la cruz. Esa cruz que en los tiempos de Jesús era el mayor de los fracasos, resultó ser señal de victoria y el paso de la muerte a la vida eterna para todos nosotros los cristianos. En la entrada festiva de Jesús en Jerusalén podemos reflexionar y hacer analogía sobre distintos momentos de la existencia humana. Momentos de alegría, de plenitud, de realización personal. Momentos en los que se experimenta más vivamente el amor de Dios, la cercanía y cariño de los seres queridos, la belleza de la vida. Igualmente, en este caminar de la existencia humana advertimos también momentos de tristeza, de pérdida, de dolor, de fracaso, de enfermedad, de traición y muerte.
Todo esto nos indica que nuestro hogar definitivo no se encuentra aquí, sino más allá del sol, y que esta vida, que es en sí misma bella y digna de ser vivida, no es más que el preámbulo de una vida que ya no conocerá ni pena, ni muerte ni dolor. El camino de Jesús hacia el calvario de muerte nos recuerda que nosotros también somos peregrinos hacia la posesión eterna de Dios y que debemos siempre seguir caminando sin rendirnos ante el cansancio, ante la fatiga, las penas y pecados de esta vida. Caminar siempre, continuar avanzando para alcanzar la felicidad eterna que, de algún modo, ha iniciado en esta tierra por la fe en Cristo Jesús. No rendirnos ante las circunstancias que nos presenta esta vida, sino asumir con paz que el camino de la felicidad pasa por la cruz; pero no por cualquier cruz, sino aquella cruz que se vive “por Cristo, con Cristo y en Cristo”. Todo se trata de nosotros saber identificar en nuestra vida esas entradas festivas en Jerusalén para ensanchar nuestro corazón y caminar por las vías del Señor, disponiendo el alma al mismo tiempo, para vivir la cruz de cada día, los dolores propios de nuestra humanidad y las penas cotidianas con amor, con serenidad, unidos a Cristo.
En este año en que, como Iglesia, en el contexto del Plan Nacional de Pastoral, hemos definido como tema “Un pueblo que vive la santidad y experimenta desde el Bautismo la fuerza de su caminar”, roguemos al Señor que su gracia bautismal sea renovada en nosotros, como fruto de nuestro caminar en este tiempo de preparación que acaba de ser la Cuaresma, y que conscientes de ello, podamos atesorar esa gracia y entrar triunfantes nuevamente al “Jerusalén de nuestra vida”, sabiendo que ante toda circunstancia y “cruces” que nos depare este año, no desfalleceremos porque caminamos junto a aquel “que Dios levantó sobre todo y le concedió el “Nombre sobre todo nombre”; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”. Amén

(Guía Mensual)

“Que toda nuestra vida sea por Cristo, con Cristo y en Cristo” ✍

Categorías: Nacionales
admin:
X

Headline

You can control the ways in which we improve and personalize your experience. Please choose whether you wish to allow the following:

Privacy Settings