LA PALABRA CADA DÍA
II Semana. Tiempo de Adviento
"El abrazo de Dios para con cada uno de nosotros se llama Jesucristo"
Martes, 6 de diciembre del 2022
Memoria Libre: San Nicolás, Obispo
Color: MORADO o BLANCO
Primera lectura: Is 40, 1-11
Lectura del Profeta Isaías
«Consuelen, consuelen a mi pueblo—dice su Dios—; hablen al corazón de Jerusalén, grítenle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»
Una voz grita: «En el desierto prepárenle un camino al Señor; allanen en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos —ha hablado la boca del Señor—.»
Dice una voz: «Grita.» Respondo: «¿Qué debo gritar?» «Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece
por siempre.»
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está su Dios. Miren, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Miren, viene con él su salario, y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 95, 1-2.3 y 10ac.11-12.13-14
R/. Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor
Canten al Señor un cántico nuevo, canten al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su nombre. R/.
Proclamen día tras día su victoria. Cuenten a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R/.
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena, vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. R/.
Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra. El juzgará el orbe con justicia, y a los pueblos en su verdad. R/.
Evangelio: Mt 18, 12-14
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué les parece? Supongan que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, les aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo su Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños».
Palabra del Señor
"El abrazo de Dios para con cada uno de nosotros se llama Jesucristo"
Jesús había visto a los pastores abandonar la guardia del rebaño e ir por los riscos y barrancos a buscar la oveja perdida. Dios se nos ha revelado como Padre lleno de misericordia y bondad. Este Padre se nos ha mostrado plenamente en su Hijo, con un amor tan grande, que se alegra siempre que un pecador vuelve a Él.
La alegría de Dios es encontrar, perdonar, salvar, devolver la felicidad al pecador. Dios quiere la salvación de todos (1 Tim 2, 4). Dios no quiere que uno solo se pierda. Aún el más pequeño es importante a los ojos de Dios. También estos pueden extraviarse.
El evangelista san Mateo lo aplica a los discípulos seducidos, engañados y apartados de Cristo (Mt 24,5-11). Esto no quiere decir que el buen pastor ame más la oveja descarriada que las noventa y nueve fieles, sino que, en aquel momento, el gozo es tanto mayor, como grande fue su tristeza al saber que se le había extraviado.
Esta parábola nos invita a estar atentos ante el hermano descarriado. Por eso hablamos de la necesidad de la corrección fraterna. Porque corregir con amor al hermano que se desvía del buen camino es una forma de buscar la oveja perdida. No bastan los lamentos y los buenos deseos. Se trata de abandonar la propia comodidad y ponerse en camino hasta llegar donde la oveja perdida para rescatarla. Hacer sentir acogido al que se había apartado. No criticar su falta. ¿Cómo debiéramos entender la misericordia de nuestro Padre celestial?
Recordemos que Dios no perdona mediante un decreto, sino con un abrazo. El abrazo de Dios para con cada uno de nosotros se llama Jesucristo. Cristo manifiesta la misericordia paternal de Dios. Manifestémosla también nosotros.
(Guía Mensual)
“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍