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“Dios nos llama a una vida nueva”

LA PALABRA CADA DÍA

X Semana Tiempo Ordinario

“Dios nos llama a una vida nueva”

Miércoles, 11 de junio del 2025

Color: ROJO

Primera Lectura: 2Cor 3,4-11
Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios

Hermanos: Esta confianza con Dios la tenemos por Cristo. No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva: no de código escrito, sino de espíritu; porque la ley escrita mata, el Espíritu da vida. Aquel ministerio de muerte –letras grabadas en piedra– se inauguró con gloria; tanto que los israelitas no podían fijar la vista en el rostro de Moisés, por el resplandor de su rostro, caduco y todo como era. Pues con cuánta mayor razón el ministerio del Espíritu resplandecerá de gloria. Si el ministerio de la condena se hizo con resplandor, cuánto más resplandecerá el ministerio del perdón. El resplandor aquel ya no es resplandor, eclipsado por esta gloria incomparable. Si lo caduco tuvo su resplandor, figúrense cuál será el de lo permanente.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 98,5.6.7.8.9
R/. Santo es el Señor nuestro Dios

Ensalcen al Señor, Dios nuestro, póstrense ante el estrado de sus pies: Él es Santo. R/.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre, invocaban al Señor, y él respondía. R/.
Dios les hablaba desde la columna de nube; oyeron sus mandatos y la ley que les dio. R/.
Señor, Dios nuestro, tú les respondías, tú eras para ellos un Dios de perdón, y un Dios vengador de sus maldades. R/.
Ensalcen al Señor, Dios nuestro; póstrense ante su monte Santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios. R/.

Evangelio: Mt 5,17-19
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Les aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos».

Palabra del Señor


“Dios nos llama a una vida nueva”

San Pablo, en su carta a los Corintios, nos invita a comprender la diferencia entre la ley escrita y el Espíritu. Para Pablo, la “ley escrita” representa el antiguo pacto, las normas grabadas en piedra que, aunque fueron dadas con gloria, no pueden dar vida verdadera porque solo señalan el pecado y la condena. Por sí sola, la ley puede volverse una carga que ahoga y limita, pues muestra el ideal, pero no transforma el corazón. En cambio, el Espíritu es el don de la nueva alianza en Cristo: es la presencia viva de Dios que nos renueva desde dentro, nos da libertad, perdón y la capacidad de vivir en comunión con Él. Pablo subraya que nuestra verdadera capacidad viene de Dios, que nos ha hecho ministros de esta alianza nueva, no de letra, sino de Espíritu, porque “la letra mata, pero el Espíritu da vida”.
Jesús, en el Evangelio, nos dice: “No he venido a abolir la Ley y los profetas, sino a dar plenitud”. Jesús no rechaza la ley antigua, sino que la lleva a su cumplimiento más profundo: la plenitud es vivir la ley desde el amor, la misericordia y la verdad. Cumplir la ley no es solo seguir reglas externas, sino dejar que el Espíritu transforme nuestro corazón y nuestras acciones. Cuando Jesús advierte que quien se salte incluso los preceptos más pequeños y enseñe a otros a hacer lo mismo será el menor en el Reino de los Cielos, nos recuerda la importancia de la coherencia y la fidelidad, incluso en lo pequeño. Para Mateo, el Reino de los Cielos es la vida plena en comunión con Dios y los hermanos, una realidad de amor, justicia y paz que comienza aquí y ahora.
El mensaje de hoy es claro: Dios nos llama a una vida nueva, guiada por el Espíritu, que da plenitud a la ley y nos convierte en testigos vivos de su amor. No se trata solo de obedecer, sino de dejarse transformar, de vivir con alegría y fidelidad la voluntad de Dios en lo cotidiano.
Hoy, pregúntate: ¿Cómo puedo dejar que el Espíritu dé vida a mis acciones? ¿De qué manera puedo ser testigo fiel del amor de Dios en mi entorno? Que tu respuesta sea un “sí” generoso y confiado, sabiendo que Dios camina contigo y te da la fuerza para vivir en plenitud.

(Guía Litúrgica)

Categorías: Nacionales
Melvin Mix:
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