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Dichosos los que temen al Señor

LA PALABRA CADA DÍA

XXI Semana. Tiempo Ordinario

“¡Oh Verdad! ¡Oh Belleza infinitamente amable! ¡Cuán tarde te amé! ¡Cuán tarde te conocí! Y qué desdichado fue el tiempo en que no te amé, ni conocí!”
Miércoles, 28 de agosto del 2024

Color: BLANCO

Primera Lectura: 3, 6-10.16-18
Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses

Hermanos: En nombre de nuestro Señor Jesucristo, les exhortamos: no traten con los hermanos que llevan una vida desordenada y se apartan de las tradiciones que recibieron de mí. Ya saben cómo tienen que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre ustedes sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos darles un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con ustedes, se lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Que el Señor de la paz les dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos ustedes. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos ustedes: Amen.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 127,1-2.4-5
R/. Dichosos los que temen al Señor

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. R/.
Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. R/.

Evangelio: Mt 23, 27-32
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que se parecen a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están repletos de hipocresía y crímenes.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que edifican sepulcros a los profetas y ornamentan los mausoleos de los justos, diciendo: "Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas!" Con esto atestiguan en contra suya, que son hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmen también ustedes la medida de sus padres!».

Palabra del Señor


“¡Oh Verdad! ¡Oh Belleza infinitamente amable! ¡Cuán tarde te amé! ¡Cuán tarde te conocí! Y qué desdichado fue el tiempo en que no te amé, ni conocí!”

Hoy está muy moda escribir las MEMORIAS. Personas importantes o con cierta popularidad se lanzan a publicar sus memorias, sacando a la luz pública muchos aspectos privados de su vida que puedan reclamar la curiosidad, el morbo o atención del público. Algunos escriben sus memorias para dejar un recuerdo a la posterioridad; otros para ganar un dinero con sus ventas y poder hacer frente a los gastos que exige su vida social, y otros, en fin, para recuperar, de este modo, su fama decadente o su figura. Los destinatarios de estas publicaciones son, en gran mayoría, lectores de variada cultura y ansiosos de distracción o pasatiempos. De entrada, podemos dudar de esas “CONFESIONES”.
Hacia el año 400 de nuestra era cristiana, Agustín de Hipona, más conocido con el nombre de San Agustín, quiso escribir sus memorias, con el título de Confesiones. Dos serían los destinatarios inmediatos: En primer lugar, su propia conciencia, en la que se miraba frecuentemente como en un espejo para rechazar el fango y el pecado de su pasado. El segundo destinatario era Dios; a Él le confesaba Agustín su vida y sus pecados para cantar las misericordias y pedirle, al mismo tiempo, la gracia de no caer en los mismos errores. Por eso sus Confesiones son “una obra sangrante, de heroica desnudez, son la expresión de su alma en carne viva”.
El hombre cuando se mira a sí mismo en la intimidad no puede engañarse, porque nada consigue con empañar el espejo de su alma. Menos puede engañar a Dios que, en frase del mismo Agustín, es como “el superinspector que todo lo ve”.
Hoy que tantos hombres y mujeres somos víctimas del error como lo fue Agustín, tengamos el coraje de volver a la Verdad, que es Dios, como él lo hizo, pues sólo en Dios encontraremos el sentido de nuestra vida; fuera de Él, andaremos desorientados y sumergidos en la desgracia, la depresión y el sin sentido vital. Exclamará San Agustín, después de su conversión: “¡Oh Verdad! ¡Oh Belleza infinitamente amable! ¡Cuán tarde te amé! ¡Cuán tarde te conocí! Y qué desdichado fue el tiempo en que no te amé, ni conocí!” (Confesiones, X, 26, 37), como exclamarían tantos convertidos a lo largo de la historia. Finalmente, sólo en Dios encontraremos la verdadera felicidad, pues como dice el mismo Agustín: “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (Conf. I, 1,1).

(Guía Litúrgica)

“Que la gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor y la fuerza del Espíritu Santo inunden la vida de cada uno de nosotros”✍

Categorías: Nacionales
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