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Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.

LA PALABRA CADA DÍA

VI Semana de Pascua

“Creemos en un Dios uno y trino”

Martes, 12 de mayo de 2026

Memoria Libre: Santos Nereo, Aquiles y Pancracio, Mártires

Color: BLANCO

Primera Lectura: Hch 16,22-34
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados dieron orden de que los desnudaran y los apalearan; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo.
A eso de medianoche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los otros presos escuchaban. De repente, vino una sacudida tan violenta que temblaron los cimientos de la cárcel. Las puertas se abrieron de golpe, y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado. Pablo lo llamó a gritos: «No te hagas nada, que estamos todos aquí».
El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó y les preguntó: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?» Le contestaron: «Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.» Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa. El carcelero se los llevó a aquellas horas de la noche, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos, los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 137,1-2a.2bc-3.7c-8
R/. Señor, tu derecha me salva

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R/.
Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R/.
Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R/.

Evangelio: Jn 16,5b-11
Lectura del Santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: “¿Adónde vas?” Sino que, por haberles dicho esto, la tristeza les ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que les digo es la verdad: les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito. En cambio, si me voy, se lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me verán; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado».

Palabra del Señor


“Creemos en un Dios uno y trino”

La actitud de fe y confianza con la que enfrentamos los acontecimientos de nuestras vidas dice mucho de nuestra madurez cristiana. Encarcelados, Pablo y Silas enfrentaron su situación ORANDO Y CANTANDO HIMNOS. Y, en esa actitud de abandono al Señor, Dios se manifestó grandemente, temblaron los cimientos y las cadenas que ataban a los presos se rompieron. Nuestra oración y alabanza también es un medio eficaz para que el Espíritu Santo en su acción rompa cadenas de temor, de inseguridad, de tristeza, de depresión, de pereza y desidia espiritual. La oración y la alabanza son una eficaz forma de restaurar nuestra comunión y comunicación con el creador y de abrirnos a la acción restauradora de su Espíritu Santo.
El Evangelio de hoy nos recuerda la gran promesa de Jesús: enviarnos el Espíritu Santo, el Paráclito, el ayudador. ¿Cómo no creer a Jesús respecto de esta promesa si el mismo Jesús desde su concepción hasta su subida al cielo fue asistido por el Espíritu Santo que Él prometió enviarnos?
Hermanos, cada día de nuestra vida debemos disponernos y abrirnos a la acción del Espíritu Santo, clamando e invocando su presencia en nosotros, en nuestras familias, sobre nuestros hijos, en el pueblo de Dios, en su cuerpo místico que es la Iglesia. Sólo con la asistencia del Espíritu Santo podremos caminar en pos del encuentro con el Señor, y es con la ayuda del Espíritu Santo que podremos proclamar su Palabra, su mensaje de salvación.
La misericordia de nuestro Señor Jesucristo nos alcanzó la gracia para que el Paráclito, el defensor, el Espíritu Santo ayudador, nos fortalezca cada día y podamos dar testimonio en obra y acción, más que con palabras, que creemos en un Dios uno y trino.
Es el Espíritu Santo el que nos lleva al trono de la gracia, para adorar al Dios vivo en la libertad que nos concedió el Creador. Sin la fuerza del Santo Espíritu no se hará vida en nosotros el gozo de sabernos, como dice 2Cor 4, “atribulados en todo, mas no angustiados”.
Hermanos, apropiémonos de la promesa de nuestro Salvador Jesucristo y anhelemos, cantemos y alabemos al Espíritu Santo en toda circunstancia y cada día de nuestra vida.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

Categorías: Nacionales
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