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“Cristo sigue hoy a nuestro lado para que le toquemos y nos dejemos tocar por Él” (Mc 5, 21-43)

LA PALABRA DEL DOMINGO

XIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

27 junio de 2021
Primera Lectura: Sab 1, 13-15; 2, 23-25
Lectura del libro de la Sabiduría

Dios no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni imperio del Abismo sobre la tierra, porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 29, 2.4.5-6.11. 12a.13b
R/. “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.
Tañan para el Señor, fieles suyos, den gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. R/.
Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

Segunda Lectura: 2 Cor 8,7-9; 13-15
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
Hermanos: Ya que sobresalen en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tienen, distínganse también ahora por su generosidad. Porque ya saben lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por ustedes para enriquecerlos con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando ustedes estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, su abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará la falta de ustedes; así habrá igualdad. Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»

Palabra de Dios

Evangelio: Mc 5, 21-43
Lectura del santo Evangelio según san Marcos

En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús, notando que, había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿quién me ha tocado?”» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).» La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor


“Cristo sigue hoy a nuestro lado para que le toquemos y nos dejemos tocar por Él” (Mc 5, 21-43)

Nuestro Dios es un Dios de vida, de vivos, que defiende la vida y la sana; además no quiere la vida de cualquier manera, sino una vida fuerte y digna para todos y todas. Ese amor de Dios a la vida se convierte en fuerza sanadora y salvadora.
Las lecturas de hoy nos quieren situar en una realidad: la enfermedad. Ésta, además del dolor, muchas veces nos lleva al límite porque nos hace experimentar la impotencia, el depender de los demás, perder no sólo las fuerzas, sino el ánimo, la ilusión.
Si a la enfermedad le añadimos el misterio de la muerte, corremos el peligro de rebelarnos, desesperarnos, no aceptarla ni en nosotros ni en los seres queridos. Y ante esta situación las lecturas de hoy no nos proporcionan la “solución”; es decir, por mucha fe que tengamos en Cristo Jesús, no vamos a dejar de morir; pero sí nos iluminan para que sepamos aceptarla desde la fe en Dios. Desde el Evangelio, Cristo ha venido a vencer la enfermedad y la muerte. Desde la perspectiva de Cristo la muerte no es definitiva.
Cristo sigue hoy a nuestro lado para que le toquemos y nos dejemos tocar por Él en los momentos de sufrimiento y de dolor.
A la Iglesia le corresponde continuar la misión de Cristo, dando vida, ánimo, esperanza y defendiendo la vida contra todos los ataques a los que es sometida en estos momentos. Pensamos en el aborto, pero no podemos olvidarnos de la guerra, de la violencia, de la eutanasia y de la pena de muerte.
Esa apuesta por la vida debe hacernos ver que hay otras formas de matar a miles y millones de personas todos los días, todos los años, y es la injusticia, el hambre, la miseria. Cuando la segunda lectura de hoy nos habla de la igualdad, de que Dios quiere la igualdad, nos está hablando de esto, de la caridad y la generosidad con los demás, sobre todo con los más necesitados. Nos invita a vivir en “comunión” con nuestros hermanos, a participar del mismo pan con ellos (cfr. 1 Cor 10,17).
¿Por qué será que muchos, muchísimos católicos y católicas defendemos la vida, hasta con radicalidad, cuando se habla del aborto, de la eutanasia, de la guerra, y no nos preocupa nada o casi nada la injusticia, la miseria, el hambre? Todos los años mueren muchos más millones de personas por la falta de igualdad, por la miseria a la que son sometidas, por el mal reparto de los bienes materiales que por las guerras, los abortos y las penas de muerte.
Que el Dios de la vida nos dé la fuerza para ser defensores de la vida en todo momento y sobre todo con la caridad y preocupación por los millones y millones de personas que están muriendo de necesidad y no de muerte natural.

(Guía Mensual)
“Que el Dios de la Vida te colme con su alegría y con su paz y te conceda la salud” ✍

Categorías: Internacionales
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