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“Cada vez que nos reunimos alrededor de la mesa estamos cumpliendo con el mandato del Maestro” (Jn 13, 1-15)

LA PALABRA DIARIA

Misa Vespertina de la Cena del Señor

Color: BLANCO

1 de abril de 2021

Primera Lectura: Éx 12, 1-8, 11-14

Lectura del libro del Éxodo 12.1-8.11-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para ustedes el principal de los meses; será para ustedes el primer mes del año. Digan a toda la asamblea de Israel: "El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardarán hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayan comido. Esa noche comerán la carne, asada a fuego, comerán panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comerán así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y se lo comerán a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será su señal en las casas donde estén cuando vea la sangre, pasaré de largo; no los tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para ustedes memorable, en él celebrarán la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones."»

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial: 115,12-13.15-16bc.17-18
R/. El cáliz de la bendición es la comunión con la sangre de Cristo
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. R/.
Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas. R/.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R/.

Segunda Lectura: I Cron 11, 23-26

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,23-26
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez les he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; hagan esto cada vez que beban, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coman de este pan y beban del cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios.

Evangelio: Jn 13, 1-15

Lectura del santo evangelio según san Juan 13,1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También ustedes están limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos están limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman "el Maestro" y "el Señor", y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros; les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan.»

Palabra del Señor


“Cada vez que nos reunimos alrededor de la mesa estamos cumpliendo con el mandato del Maestro” (Jn 13, 1-15)

Hermanos y hermanas, estamos dando inicio al Triduo Pascual; son días muy especiales para recordar los grandes misterios de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo. Este jueves, concentramos la atención en la cena, la Última Cena del Señor, encuentro de despedida cargado de extraordinario significado. Alrededor de la mesa, el maestro da un impresionante testimonio de humildad al ponerse al servicio de sus discípulos. El gesto de lavar los pies, agacharse ante esos hombres para decirles: “Pues si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros; les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan”, se convierte en estímulo a imitar haciéndonos servidores de todos.
Esta celebración de Jueves Santo da la oportunidad para que los cristianos asumamos actitudes solidarias. Compartir nuestra mesa, dar de lo que tenemos, acompañar y estar junto a los necesitados, dicen de nosotros que hemos entendido el mensaje de Jesús al darnos a comer su Cuerpo, a beber su Sangre. No hay excusas para no practicar el bien, para aliviar las penurias de muchos de nuestros hermanos, que no siempre demandan alimentos, sino también, cariño, atención, acogida. Se puede, y hasta digamos, es una exigencia que brota de nuestro compromiso bautismal.
Los judíos después de los acontecimientos que relata el Libro del Éxodo recordaron la Pascua, el paso del ángel exterminador castigando a los primogénitos de Egipto, no olvidaron cómo la mano de Dios estuvo de su lado al sacarlos de la esclavitud y llevarlos a tierra de libertad. Pero ahora, en esta etapa culminante de la historia, los cristianos recordamos el sacrificio redentor de Cristo, su paso de la muerte a la vida. Esta es nuestra pascua, esta es la Pascua cristiana que recordamos de modo especial cada domingo y en cada eucaristía.
Cada vez que nos reunimos alrededor de la mesa estamos cumpliendo con el mandato del Maestro: “hagan esto en memoria mía”; actualizamos el memorial renovando nuestro compromiso en fortalecer la comunión entre los hermanos y contribuir en la construcción de una nueva sociedad donde no falte el pan, la salud, la seguridad, donde todos vivamos en paz. En esa mesa, en la mesa eucarística, encontramos fuerzas para continuar la marcha en el éxodo que estamos llevando a cabo rumbo a la Casa del Padre. Siempre cuidamos que nuestra participación en la mesa eucarística la realicemos son dignidad para que atraigamos la bendición de Dios sobre nosotros y nuestra casa.
Creo que en nuestras comunidades deberíamos apreciar y cuidar más nuestras celebraciones eucarísticas. Siento que mucha gente va a misa, pero no participa, están simplemente en una reunión que les dice muy poco, parece que están en un espectáculo. Les invito a prepararnos mejor, emocional y espiritualmente para que nuestras celebraciones sean sentidas y de ellas surja un verdadero compromiso para que el testimonio de Jesús se multiplique en el accionar de cada uno de nosotros.

(Guía Mensual)

“Acuérdate de mí, Señor, por el amor que tienes a tu pueblo; visítame con tu salvación, para que vea la felicidad de tus elegidos, para que me alegre con la alegría de tu nación y me gloríe con el pueblo de tu herencia” (Sal 106, 4-5)✍

Categorías: Internacionales
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