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Bendito sea mi Dios y Salvador

LA PALABRA CADA DÍA

IV Semana. Tiempo Ordinario. Año II

“David fue elegido entre los hijos de Israel”

Viernes, 6 de febrero de 2026

Color: ROJO

Primera Lectura: Ecl 47,2-13
Lectura del Libro del Eclesiástico

Como se separa la grasa en el sacrificio de comunión, así David fue separado de entre los hijos de Israel. Jugó con los leones como si fueran cabritos, y con los osos como si fueran corderos.
¿Acaso no mató de joven al gigante, y quitó el oprobio del pueblo, lanzando la piedra con la honda y abatiendo la arrogancia de Goliat?
Porque invocó al Señor altísimo, quien dio vigor a su diestra, para aniquilar al potente guerrero y reafirmar el poder de su pueblo.
Por eso lo glorificaron por los diez mil y lo alabaron por las bendiciones del Señor, ofreciéndole la diadema de gloria. Pues él aplastó a los enemigos del contorno, aniquiló a los filisteos, sus adversarios, para siempre quebrantó su poder.
Por todas sus acciones daba gracias al Altísimo, el Santo, proclamando su gloria. Con todo su corazón entonó himnos, demostrando el amor por su Creador. Organizó coros de salmistas ante el altar, y con sus voces armonizó los cantos; y cada día tocarán su música.
Dio esplendor a las fiestas, embelleció las solemnidades a la perfección, haciendo que alabaran el santo nombre del Señor, llenando de cánticos el santuario desde la aurora. El Señor le perdonó sus pecados y exaltó su poder para siempre: le otorgó una alianza real y un trono de gloria en Israel.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 17,31.47 y 50.51
R/. Bendito sea mi Dios y Salvador

Perfecto es el camino de Dios, acendrada es la promesa del Señor; él es escudo para los que a él se acogen. R/.
Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Te daré gracias entre las naciones, Señor, y tañeré en honor de tu nombre. R/.
Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu ungido, de David y su linaje por siempre. R/.

Evangelio: Mc 6,14-29
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey de Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». Otros decían: «Es Elías». Otros: «Es un profeta como los antiguos».
Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre: «Qué le pido?».
La madre le contestó: «La cabeza de Juan el Bautista».
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

Palabra del Señor


“David fue elegido entre los hijos de Israel”

Como siempre la liturgia de la Palabra en este viernes de la IV semana del Tiempo Ordinario, nos presenta una enseñanza particular. Mucho tiempo después de la muerte de David, los Libros sagrados siguieron haciendo su elogio. En el Eclesiástico, llamado también Libro de Sirac o Sirácides, está la página que leemos hoy en la Primera lectura.
En tiempos de Sirac, no hay reyes en Israel. Aparentemente, pues, la profecía de Natán no se ha cumplido. Por tanto, Sirac encauza de nuevo la esperanza nacional hacia los “sacerdotes”. El sacerdocio ocupa el lugar de la realeza, el Templo de Jerusalén es el único lugar de unidad del pueblo de Dios, ¡mucho más que el trono real vacío!
Es por lo que Sirac hace el elogio de David dándole una fisonomía casi sacerdotal.
David fue elegido entre los hijos de Israel. Invocó al Señor Altísimo. Sus victorias humanas son presentadas como un «don de Dios», como un fruto de la oración. Si abatió la arrogancia de Goliat no fue por la fuerza de su brazo, al contrario, David era aquel pobre muchacho que esperaba sólo de Dios la victoria. Y Dios se la concedió. Por lo que el mensaje para nosotros hoy es que confiemos a Dios nuestras batallas, no importa qué tan grande sean, si Dios está con nosotros, quién contra nosotros.
Del Evangelio de Marcos basta señalar el rechazo del ser arrogante a la voz del profeta. Recuerden que los discípulos han sido enviados, y ya el nombre de Jesús se está anunciando, las gentes están oyendo hablar de Él. Es el texto intermedio que pone san Marcos entre el envío y el retorno de los discípulos, centrado en la figura de Juan el Bautista, quien va a encarnar el rechazo del cual Jesús les hablaba antes del envío.
La muerte de Juan el Bautista por manos de Herodes es, humanamente hablando, el fracaso de aquellos que anuncian a Jesús, pero al mismo tiempo el triunfo de un mensaje que no encuentra eco en el corazón de los arrogantes y orgullosos. “Te doy gracias, Señor de cielo y tierra, porque le has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las ha mostrado a los sencillos y humildes”.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

Categorías: Nacionales
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